AYUDAME, SEÑOR

Que estoy envejeciendo es evidente;

cualquier día el Señor dirá: Es bastante

la vida que te he dado. Y, al instante,

el Juez Supremo me tendrá presente.

Cuando quieras, Señor, pues soy consciente

de que hallarme ante Ti es lo importante, y con voz temblorosa y vacilante

decirte: Señor mío, sé clemente.

Mil gracias, a lo largo de mi vida,

te he dado por tus bienes y favores.

Tú me has dado la dicha de vivir.

Cuando llegue, Señor, mi anochecida,

alivia mis angustias y dolores.

¡Ayúdame, Señor, a bien morir.!