UN TORITO ENAMORADO DE LA LUNA
Un torito enamorado de la luna,
de la más pura raza chiclanero,
con una gitanilla de Jerez,
que es la tierra del más puro flamenco,
decidieron marchar a Cataluña
y, aunque allí les tuvieran por charnegos,
establecerse en las mismas Ramblas
dirigiendo una tierra de recuerdos.
Era digno de ver a los turistas
que, al pasar, se quedaban boquiabiertos
comprando toros negros y gitanas
porque todos veían en aquéllos
la verdadera imagen de esta España,
sin poder comprender que aquel terreno
era ya otra Nación y otra Patria
donde ya molestaba lo charnego.
Pero un día llegó un tal Huguet,
un tipo algo idiota y majadero
que, al darle un carguiño Maragall,
ha querido estrenarlo prohibiendo
que el toro y la gitana ya se exhiban
para no confundir al extranjero
y se crea que aquéllo es España
y no otra Nación del Universo.
¿Saben ustedes lo que ha discurrido
este mamarracho y majadero?
Pues que, en vez de vender a la gitana
y a ese lindo toro chiclanero
del que hacían acopio los turistas,
se venda solamente en los comercios
un recuerdo que es muy catalán
que, si horripila al verlo desde lejos,
al acercarse huele a pura mierda:
¡el mismo “cagané” del nacimiento!
que tendrá en adelante varias caras
para que nadie quede descontento
y defequen lo que han almacenado
después de estar mandando tanto tiempo:
Las caras de Durán y Pujolet,
Maragall, Artur Más y ese perverso
Carod Rovira, el tío del bigote,
que es quien ha creado tanto enredo.
Y todo ello con la complacencia
de ese torpe y nefasto Zapatero.
7 de Mayo de 2006

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