EL GUIRIGAY

Válgame Dios, qué guirigay

va a ser el Congreso,

si cada diputado puede hablar

en la lengua materna de su pueblo;

sin contar con que alguno no se empeñe

en usar su dialecto.

¿Por qué va a negarse a un maragato,

o a uno de Jaén o a un extremeño.

a uno del Roncal, Lepe o Las Hurdes

hablar con su acento.

que es patrimonio de su propia tierra

y es su orgullo ejercerlo?

¿Cómo se entenderán los diputados?

¿Cómo impondrá respeto,

aparte de su cara que ya impone,

el señor Presidente del Congreso?

Si habla en castellano, ya le entienden;

si quieren traductores para ello,

cada parlamentario necesita

catorce por lo menos.

Esto suena bastante

a puro pitorreo.

Si la Constitución dice bien claro

que todos los celtíberos tenemos

la obligación de conocer la lengua,

antaño del Imperio,

¿a qué viene el solemne disparate,

propio de un majadero,

de repetirle lo que ya ha entendido

por puro regodeo?

En vez de legislar –que no legisla-

debiera el Parlamento

saber lo que pasó un día en Babel;

y sepa Zapatero

que muchas lenguas no sólo no unen

y que sólo faltaba en el Congreso

que tuviéramos ya catorce lenguas

para oir los insultos más diversos.

16 Marzo 2.005