Blog de escritos de D. José Jurado SaldañaEste blog se inició para ir recopilando los escritos de D. José Jurado Saldaña, Padre de ocho hijos. Y a esta finalidad está dedicado. Falleció cristianamente, como había vivido, el pasado 9 de febrero de 2007. Nació en 1924 en Zaragoza. Los últ2007-04-24T05:34:38+00:00
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Medio Ambientethe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingBlog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2007/04/24/-un-dia-llego-camion-naranjas-la-plaza-ni-corto"Un día llegó un camión de naranjas a la Plaza. Ni corto 2007-04-24T05:34:38+00:002007-11-06T07:48:23+00:00
<p> "Un día llegó un camión de naranjas a la Plaza. Ni corto<br />
ni perezoso, corté unos cartones ¡y se puso a fabricar la fábrica de la<br />
moneda! Aquella tarde nos dimos mi familia y mis amigos un buen atracón de<br />
naranjas. No sé qué haría el dueño del camión con los cartones.</p>
<p> Como aquella inflación de dinero no era muy ortodoxa<br />
financieramente, pues la "fábrica" no dejaba de funcionar y los vales no<br />
tenían cobertura metálica alguna, ni mi palabra ni la de Aurora merecían<br />
crédito, dejó de funcionar la compraventa -salvo en la panadería- y su lugar<br />
lo ocupó el trueque: mercancía a cambio de mercancía.</p>
<p> En la peluquería, que estaba "colectivizada", no se<br />
admitían ni los vales del Comité. Un corte de pelo valía un celemín de<br />
bellotas.</p>
<p> Cierto día fui a Pozoblanco con unos amigos, precisamente<br />
a cortarme el pelo. El procedimiento para viajar era facilísimo: salíamos al<br />
Control (un cruce de carreteras que había a la salida del pueblo) hacíamos<br />
parar a algún camión de milicianos ¡y a Pozoblanco!</p>
<p> Estando en Pozoblanco, en la peluquería sonó la alarma.<br />
Un avión volaba sobre el pueblo hostilizado por los cañones antiaéreos que<br />
dibujaban pequeñas nubecitas a su alrededor. Nos fuimos corriendo a un<br />
refugio próximo, pero pocos se atrevían a entrar en él, ante el recuerdo de<br />
un bombardeo en el que, unos días antes, varios alumnos de los Salesianos<br />
habían muerto, precisamente en el refugio del Colegio.</p>
<p> Se alejó el avión sin arrojar ninguna bomba y decidimos<br />
regresar a Dos Torres. Nos fuimos al control para hacer el camino de vuelta<br />
a casa y esperamos inútilmente que algún camión se decidiera a subirnos. Se<br />
hacía de noche y no había otra solución que emprender el regreso a pié,<br />
aunque la distancia a Dos Torres era de diez kilómetros.</p>
<p> Así hicimos y cuando llevábamos recorridos unos cuatro<br />
kilómetros, en una pequeña cuesta nos alcanzó un camión cuyo conductor no se quiso detener y aprovechando la poca velocidad del vehículo en la cuesta,<br />
tratamos de subir por detrás. Yo no lo conseguí y me quedé solo a seis<br />
kilómetros del pueblo y en noche ya cerrada.</p>
<p> Pasé por el control de Añora donde un miliciano me<br />
preguntó que a dónde iba. Le conté mi odisea y quiso ayudarme tratando de<br />
parar a varios camiones que pasaron y no le hicieron caso.</p>
<p> Seguí solo mi marcha y después de las diez llegué a mi<br />
casa. Creí que mi madre estaría asustada e impaciente por mi tardanza, pero<br />
no era así. Mi prima Bibiana había dado a luz y de casa habían alejado a la<br />
chiquillería, por lo que mi falta no se notó.</p>
<p> Seguíamos yéndola campo Antonio y yo para incrementar con<br />
lo que recogíamos, la ración alimenticia, que se basaba casi exclusivamente<br />
en lentejas y éstas bien escasas.</p>
<p> Para como, no había pan todos los días. Algunas veces,<br />
con la harina que mandaban del extranjero, comíamos un pan blanquísimo que decían estaba hecho con harina de arroz.</p>
<p> Por el mes de septiembre de 1938 hubo una redada de<br />
"mujeres fascistas", no sé por qué motivo, pues se trataba de mujeres<br />
pacíficas, alguna de ellas viuda de los desgraciados que los rojos habían<br />
asesinado. Entre las detenidas estaba Doña Ascensión, Maestra Nacional y muy amiga nuestra, que pasó unos meses presa en un convento de Ciudad Real.</p>
<p> Aquel mes de octubre debí frecuentar con mi amigo Pepe<br />
Vioque mis correrías por los encinares para coger bellotas. Un día de mucha<br />
niebla íbamos en sendas caballerías y él me precedía. Tan espesa era la<br />
niebla que teníamos que comunicarnos a veces. Sin apercibirnos nos salimos<br />
del camino y nos perdimos. De todos modos nos pusimos a coger bellotas y<br />
cuando ya teníamos cada una cerca de medio costal, apareció entre la niebla<br />
un guarda que nos obligó a vaciar los costales y nos dijo que nos<br />
marcháramos.</p>
<p> No sé qué sentimiento de compasión sintió de pronto que,<br />
al fin, nos dejó que recogiéramos de nuevo las bellotas y nos marcháramos.<br />
Además nos indicó el camino de retorno, pues habíamos ido a parar al término<br />
de Pedroche.</p>
<p> Aquel día seguramente comeríamos en mi casa tortilla de<br />
bellotas con harina</p>
<p> Llegó la hora de la vendimia y había que recoger la<br />
cosecha de la única viña que había en el pueblo, de gran extensión, que<br />
había sido requisada, o mejor, incautada a un faccioso y estaba<br />
"colectivizada".</p>
<p> Naturalmente la vendimia había de ser "colectiva" y a tal<br />
efecto se ofreció para la tarea un grupo numerosísimo de hombres, mujeres y<br />
niños. Allí iba yo entre ellos. La faena apenas duró media jornada. En mi<br />
vida he comido más uvas. Sólo se recogieron quince o veinte canastas. El<br />
resto iba en nuestros estómagos.</p>
<p> El once de noviembre de 1938 fui con Paulina al olivar<br />
del Chorrillo, de muy pequeña extensión y que no se cultivaba, por lo que<br />
apenas había aceitunas. Era propiedad de mi padre, compartida con una de mis tías, pero de uso y disfrute común, porque en aquellos días todo era de<br />
todos.</p>
<p> Cuando íbamos por mitad del camino, sentimos un avión,<br />
nos bajamos de la caballería y vimos que el avión se lanzaba en picado a lo<br />
lejos y lanzaba unas ráfagas de ametralladora.</p>
<p> Al volver a casa supimos la desgracia. Mi primo Marcos,<br />
marido de mi prima Bibiana, en cuya casa vivíamos, había sido movilizado a<br />
sus cuarenta y cinco años y tenía que presentarse diariamente en Pozoblanco.<br />
El viajo lo hacía en la forma acostumbrada, en decir, parando un camión en<br />
el control.</p>
<p> Aquél día cuatro o cinco movilizados como él se subieron<br />
en los estribos de un camión de la CAMPSA. Cerca ya de Pozoblanco, el piloto<br />
del avión consideró que aquel era un buen objetivo y lo ametralló. A mi<br />
primo no le dio tiempo de guarecerse en una alcantarilla próxima y recibió<br />
dos balazos en el pecho. Aquella misma noche murió en el Hospital.</p>
<p> A mediados de diciembre se debía preparar un ataque de<br />
los rojos por la parte de Peñarroya porque los días anteriores habían pasado<br />
muchos camiones con tropa en aquella dirección.</p>
<p> Aquellas mañanas, a primera hora, apenas salido el sol,<br />
sobrevolaban el pueblo en igual dirección, varias escuadrillas de aviones<br />
que regresaban a la media hora, seguramente después de dejar caer su<br />
mortífera carga sobre las trincheras "fascistas".</p>
<p> Uno de estos días, para ver mejor a los aviones, nos<br />
subimos mi hermano Eloy y yo a un rimero de leña que había en el patio. Mi<br />
hermano resbaló y en la caída se fracturó el brazo. Solo Dios saber los<br />
apuros que pasó mi madre para llevarlo a Villanueva de Córdoba donde había<br />
un Hospital, teniendo que hacer el viaje, en parte, a pié hasta que un<br />
vecino de Dos Torres, conocido nuestro, detuvo el coche y tuvo la gentileza<br />
de llevarla hasta Villanueva.</p>
<p> Con el invierno, aparte la necesidad de salir al campo<br />
para recoger hierbas comestibles, teníamos que salir mi hermano Antonio y yo<br />
para recoger leña.</p>
<p> Las vísperas de Navidad habíamos salido a tal fin y nos<br />
encontrábamos en una finca, junto a la carretera de El Viso. Próximo a<br />
nosotros había un destacamento de soldados que debían ser de Sanidad porque allí se veían, bajo las encinas, bastantes ambulancias.</p>
<p> Pues bien, estando recogiendo leña, se presentaron nueve<br />
trimotores en grupos de tres, que empezaron a descargar bombas sobre El<br />
Viso. Una de las primeras cayó sobre un depósito de gasolina y se levantó<br />
una espesísima columna de humo.<br />
Los soldados de Sanidad salieron despavoridos de un<br />
cortijo, en el que estaba el destacamento, y corrieron a esconderse lo más<br />
lejos posible bajo las encinas.</p>
<p> Bajo una de ellas, mi hermano y yo junto a unos soldados,<br />
presenciamos llenos de pánico, como caían las bombas sobre el pueblo del<br />
que estábamos a unos tres kilómetros. Duró el bombardeo cerca de un cuarto<br />
de hora. Los aviones arrojaban las bombas, de tres en tres, pasando justo<br />
por encima de nosotros cada vez que daban la vuelta y esperábamos que en<br />
cualquier momento nos dejaran caer alguna o se acercaran a Dos Torres y<br />
repitieran lo de El Viso.</p>
<p> Cuando se fueron los aviones, las ambulancias salieron a<br />
toda velocidad hacia el lugar del bombardeo para auxiliar a los posibles<br />
heridos y mi hermano y yo regresamos, con no menos prisa, a Dos Torres,<br />
donde nos esperaban con la natural inquietud pues mi madre sabía que<br />
habíamos salido por la carretera de El Viso.<br />
En nuestro pueblo cundió el pánico. Era la víspera de la<br />
Nochebuena. Por aquellos días era frecuente que la aviación fuera de noche<br />
por Dos Torres y en alguna ocasión, creo que fueron tres veces, lanzó varias<br />
bombas.</p>
<p> Sonaba, como señal de alarma, la única campana que, para<br />
tal efecto, habían dejado en la torre y mi madre, que apenas dormía, se<br />
ponía casi histérica y nos despertaba gritando: ¡Hijos míos, la aviación!<br />
Rezaba en voz alta, pronunciaba un sin fin de jaculatorias y lloraba.<br />
A mi desagradaba que nos despertara, pues no tenía objeto<br />
alguno ya que carecíamos de refugio y era preferible que la muerte nos<br />
sorprendiera durmiendo a llevarnos aquel tremendo susto que nos daba mi<br />
madre.</p>
<p> Alguien, tal vez impresionado por el bombardeo de El<br />
Viso, hizo circular el rumor de que Queipo de Llano había ordenado<br />
bombardear los pueblos de Los Pedroches en aquellas Navidades.<br />
Mi madre se llenó de pánico y dispuso que durante unas<br />
noches nos fuéramos a dormir a casa de mi tía Josefa, que vivía en las<br />
afueras del pueblo y que tenía un patio muy grande. Creía mi madre,<br />
pobrecita, que, cuando sonara la alarma, con salirnos al patio y tumbarnos<br />
en el suelo, el peligro estaba conjurado. A tal efecto nos acostábamos<br />
vestidos. Afortunadamente la Navidad fue tranquila y la campana no sonó.</p>
<p> Una de aquellas noches, llegados para dormir a casa de mi<br />
tía Josefa, tuvimos necesidad de volver a la nuestra para recoger alguna<br />
cosa que habíamos olvidado. Fuimos Paulina y yo y, al pasar por casa de mi<br />
tía Carmela, vimos la puerta abierta, se nos ocurrió entrar y advertimos<br />
que, detrás de la puerta de la primera habitación, había un saco lleno de<br />
pan. ¡Feliz hallazgo! Con toda presteza y sin hacer el menor ruido, hicimos<br />
acopio y nos presentamos a mi madre con diez o doce bollos que hicieron la<br />
alegría de todos. En plena Nochebuena no venían mal.</p>
<p> Los soldados que se alojaban en casa de mi tía Carmela,<br />
que eran los propietarios del pan, debieron advertir la merma porque en las<br />
noches siguientes, en que Paulina y yo intentamos nuevamente la requisa, el<br />
saco había desaparecido.<br />
Por aquellos días de Navidad llegaron nuevas tropas al<br />
pueblo. Vivía en una casa próxima a la nuestra Antero, a quien la familia<br />
tenía recluido en un desván porque estaba completamente loco. Era de familia<br />
muy rica y tal vez su locura le había librado ser asesinado.</p>
<p> Dio su locura en la manía de cantar la misa, naturalmente<br />
en latín, y lo hacía con voces desaforadas. Los milicianos que por allí<br />
pasaban quedaban sorprendidos y, como Antero, cantaba tan bien, creían que<br />
era un verdadero Cura al que había que darle el "paseo". Al fin se les<br />
decía que se trataba de un verdadero loco.<br />
Entre los soldados que por entonces llegaron al pueblo,<br />
había uno de Luque que nos contó lo que había ocurrido en aquel pueblo<br />
durante los primeros días de la guerra. Era de derechas y se hizo muy amigo<br />
nuestro. Debía estar enchufado porque casi todos los días nos visitaba y<br />
nos llevaba algún chusco. Tenía a mi madre al corriente de la marcha de la<br />
guerra.</p>
<p> Un día de finales de enero llegó a casa eufórico y, con<br />
todo sigilo, dijo a mi madre que las tropas de Franco habían conquistado<br />
Barcelona. Mi madre se puso a llorar, tal vez pensando en la alegría que<br />
aquella noticia le habría producido a mi padre de haber vivido por entonces.<br />
El final de la guerra se veía venir, pero el hambre que<br />
pasábamos nos hacía dudar si llegaríamos a verlo.<br />
En algunas fachadas pintaron los "doce puntos de Negrín"<br />
que se concretaban en resistir a toda costa, pero con las lentejas y la<br />
carne de burro los milicianos iban a resistir poco. Parece que Negrín, en<br />
los últimos días, sólo pedía a Franco salvar el pellejo.</p>
<p> Por fin llegó el día 26 de febrero de 1939. Sin duda<br />
alguna, el día más feliz de mi vida. Ese día las tropas de Franco nos<br />
liberaron. Lo recuerdo como si lo hubiera vivido ayer mismo.<br />
Estaba empezando a amanecer cuando oíamos un lejano<br />
cañoneo hacia el Puerto Calatraveño, a unos quince kilómetros de Dos Torres.<br />
El cañoneo fue intenso y duraría más de una hora.<br />
De vez en cuando pasaba un avión a no mucha altura. A<br />
media mañana no se oía ya ningún cañonazo y me fui con un amigo, Federico, a su huerta.</p>
<p> Llevábamos allí como una hora cuando vimos venir por los<br />
caminos mucha gente que luego comprobamos eran milicianos que huían del<br />
frente que se había derrumbado. Iban abandonando, fusiles y correajes. Uno<br />
de ellos traía un pequeño rebaño de cabras que allí mismo abandonó. Federico<br />
cogió la que mejor le pareció y se la llevó a su casa.<br />
A la hora de comer un avión pasó a muy baja altura y dio<br />
varias vueltas sobre el pueblo. En la torre apareció una bandera blanca.<br />
Aquello era el final. No cabíamos de júbilo.</p>
<p> De una casa próxima a la nuestra empezó a salir humo y se<br />
oían fuertes explosiones. Era la casa en que los rojos tenían la intendencia<br />
y a la que, antes de huir, habían prendido fuego rociándola con gasolina y<br />
desparramando por toda ella varias cajas de bombas de mano. La metralla<br />
salía por las ventanas.<br />
Sobre las cinco de la tarde supe que desde el desván de<br />
la casa de Cristino, lejano pariente nuestro, se veían ya las tropas<br />
nacionales. Efectivamente, en las alturas del Pozo Nuevo, a medio kilómetro,<br />
se veían perfectamente banderas nacionales y muchos soldados.<br />
Una hora después entraban en el pueblo entre el júbilo y<br />
las lágrimas de muchos vecinos que salían a la calle y que durante cerca de<br />
tres años les habíamos estado esperando.</p>
<p> Recuerdo, como si fuera ahora, que, abrazado a un soldado<br />
fui con él hasta la plaza. Debía ir yo llorando porque me dio unas<br />
palmaditas en la cara.<br />
Ahora, cuando escribo estas líneas, Junio de 1997, el<br />
recuerdo de aquel día hace asomar las lágrimas a mis ojos.<br />
Mi madre no hacía mas que darnos besos y llorar porque el<br />
recuerdo de mi padre estaba presente. ¡Cuánto hubiese gozado de haber vivido aquellos momentos!</p>
<p> Todo era júbilo en el pueblo menos, como es natural, para<br />
quienes se habían significado como antifascistas o asesinos. Unos, los más<br />
culpables habían desaparecido del pueblo, huyendo sin rumbo fijo; otros, los<br />
que no tenían las manos manchadas de sangre, andaban ocultos tratando de<br />
pasar desapercibidos.<br />
A los pocos días empezaron a llegar comestibles. Parecía<br />
mentira que hubiera pan en abundancia y que la gente se pudiera hartar de<br />
comer. Aquello nos parecía el Paraíso.</p>
<p> Con las tropas nacionales entró una compañía de requetés<br />
en la que venía de Capellán un Capitán de grandes barbas blancas, que fue<br />
quien dijo la primera misma en la plaza, pues el templo parroquial daba pena<br />
verlo.<br />
Tocaron a misa con la única campana que quedó en la torre<br />
y cuyo sonido tanto pánico provocaba durante las noches. La plaza se llenó<br />
de gente que, al cabo de tres años, volvía a oír misa.<br />
A los pocos días el Capitán-Capellán bautizó a bastantes<br />
niños que no habían recibido las aguas bautismales durante la guerra.<br />
No pudo bautizar, porque habían fallecido, a los mellizos<br />
que tuvo la mujer de Manuel Luengo que había sido, precisamente, del Comité<br />
y que se empeñó en fusilar a mi padre cuando lo de Málaga, lo que, tal vez,<br />
hubiera conseguido de no mediar mi primo Marcos.</p>
<p> Estos mellizos fueron bautizados en una ceremonia laica,<br />
a mediados de 1938. Estuve en la plaza aquella tarde y, ante la tropa<br />
formada, algún capitoste rojo, Oficial o Comisario, pronunció un discurso y<br />
puso a los niños por nombre Triunfo y Libertad. Como ambas cosas eran<br />
incompatibles con la República, ambos niños acabaron sus días antes de los<br />
dos meses.<br />
El Capitán-Capellán, que quedó de guarnición en el<br />
pueblo, se empeñó en restaurar la Iglesia cuanto antes. A estos efectos hizo<br />
trabajar en la obra a los rojos que se habían ocultado y que, temerosos, se<br />
habían presentado a él. Reunió a cuarenta o cincuenta y las obras iban a<br />
buen ritmo.</p>
<p> Una tarde en que me encontraba en la plaza, contemplando<br />
las obras, el Capitán barbudo hizo una señal a uno de los que estaban en el<br />
tejado. El individuo bajó lentamente la escalera y se acercó al Capitán que<br />
habló con él unas palabras. De improviso el Capitán, armado de su fusta<br />
empezó a golpear al prisionero con todas sus fuerzas.<br />
El preso era Manuel Luengo y el motivo que provocó las<br />
iras del Capellán era que Luengo, como ya dije, se había llevado a su casa<br />
el púlpito de la Iglesia para que sirviera de brocal del pozo.<br />
Yo, ante el recuerdo de lo que había hecho sufrir a mi<br />
padre aquel individuo, hubiera cogido la fusta del Capitán para seguir<br />
golpeándolo.</p>
<p> Nosotros estábamos deseando volver a nuestra casa de<br />
Luque, pero en aquellos días el caos era tremendo y viajar una aventura, ya<br />
que no había trenes ni coches. Y, para colmo, mi padre no tenía ni un<br />
céntimo.<br />
Ante tal situación, escribió a Don Gerardo, Notario de<br />
Baena y muy amigo de mi padre pidiéndole que nos mandara un coche para<br />
volver a Luque. Los días pasaban y ni el coche llegaba ni Don Gerardo<br />
contestaba.<br />
Por fin nos enteramos de que circulaba un tren que pasaba<br />
por Pozoblanco y que iba hasta Bélmez, donde probablemente enlazaría con<br />
otro que iba a Córdoba.</p>
<p> Mi madre ideó un, a todas luces, descabellado plan de<br />
viaje pues ignoraba horarios y enlaces de trenes, si los había. El plan era<br />
el siguiente: Un carro nos llevaría hasta Pozoblanco, allí tomaríamos,<br />
cuando llegara, el tren que nos conduciría hasta Bélmez y aquí cogeríamos<br />
algún tren que nos llevaría a Córdoba. Y en Córdoba Dios diría.<br />
Llegado el día de la partida, con la alegría que es de<br />
imaginar, subimos los pequeños al carro con el poco equipaje que llevábamos.<br />
Mis tíos nos acompañaron hasta el Control, a la salida del pueblo.<br />
Se estaban despidiendo de nosotros, cuando se detuvo un<br />
coche cuyo conductor preguntó a mi tío si sabía dónde vivía la señora del<br />
Notario de Luque.</p>
<p> Al oír aquello mi madre empezó a llorar de alegría y<br />
seguro que dijo su sempiterna exclamación: "Hijos míos, ¡Qué Dios más<br />
grande! La carta de Don Gerardo había llegado, aunque tarde, a su destino y<br />
aquel coche venía a recogernos.<br />
Regresamos a Dos Torres, desayunó el coger y en menos de<br />
una hora emprendimos la marcha a Luque. Parecía que empezábamos a vivir.<br />
Aquí debería dar por terminada la narración. Pero no lo<br />
hago para resaltar la fortaleza de espíritu de mi madre y la inmensa fe en<br />
Dios que siempre tuvo. Ella sola, con sus cinco hijos, cuando esperaba<br />
regresar a su hogar y encontrar en él la paz que durante tantos meses no<br />
había tenido, se encontró con una nueva amargura: Nuestra casa había sido<br />
saqueada.</p>
<p> Habían alojado allí a los moros y habían robado cuanto<br />
teníamos. Muebles, joyas, ropas, camas. Todo había desaparecido. Mi madre<br />
debió quedar abrumada.<br />
Sin embargo no se amilanó y con su Virgen del Pilar y su<br />
Corazón de Jesús siguió luchando. Así toda su vida. ¡Cuánto tuvo que luchar<br />
y sufrir para sacarnos a los cinco adelante.</p>
<p> Pero esto ya es otra historia.<br />
Parodiando a mi madre no tengo más remedio que decir:<br />
Dios mío, ¡Qué madre más grande nos diste!</p>
<p> JOSE JURADO SALDAÑA</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2007/03/29/comunistas-y-otros-istas-siempre-luchaCOMUNISTAS Y OTROS “ISTAS” SIEMPRE EN LUCHA2007-03-29T12:28:26+00:002007-11-06T07:43:16+00:00
<p><img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/objetor/estalin65.jpeg' id='img_0' height='164' width='148' align='left'/>COMUNISTAS Y OTROS “ISTAS” SIEMPRE EN LUCHA (y Franco) (por Antonio García Fuentes)</p>
<p> En ese “mundo vivo” cual es hoy Internet y en el que abunda tanto lo absurdo, como en la vida fuera de “la red”; resultan algunas veces, diálogos interesantes y a uno de ellos me refiero hoy en mi artículo; puesto que uno (anónimo como casi todos puesto que les da miedo firmar con nombres y apellidos) que se firma como “comunista” y en un tema en que toco las sempiternas “dos Españas”, tratando de argumentar lo que puedo en busca de una paz y concordia; me dice:</p>
<p>“Y respecto de lo de acabar con las dos Españas, diré que no son dos Españas, son las dos Españas... las dos Francias... etc. es decir, los que quieren que les siga el sistema y los que aborrecen el sistema que les imponen, porque por mucho que les digas lo bien que están, su cartera no miente”.</p>
<p>Mi respuesta es inmediata y a “vuela tecla” le respondo lo que sigue:</p>
<p>Bien: respeto sus opiniones; pero yo hablo de España y dentro de España lo que más conozco es mi tierra y que creo representa bien el sentir nacional. Donde lo que impera generalmente, es que... "los míos son muy buenos, los tuyos malísimos"... también el "quítate tú que me ponga yo"... y ambos bandos; o mejor dicho todos; cuando llegan al poder (caso de ahora, puesto que hay representación de mando de todos y todas las tendencias en la geografía española); lo que hacen es colocarse buenos sueldos, buenas jubilaciones, colocar a todo el que pueden de su cuerda o su parentela y saquear los bienes públicos... eso lo hacen las derechas, las izquierdas, los centros, los regionalistas, separatistas y otros “bichos”, puesto que se “cambian de chaqueta” para ello mismo; por lo que es claro, que la clase política y el pueblo (puesto que los políticos (piense en ello) los paren las mujeres del pueblo: “no son extra terrestres) son oportunistas, revanchistas y en general (sálvese el que pueda) gente depredadora, que lo que piensa es en vivir y vivir bien a costa del pueblo que trabaja y produce; y poco más… esa es la triste y cruel realidad que estamos viendo. </p>
<p> Esa es, "señor comunista"; nuestra España y es por ello por lo que aquí encontrar la paz será difícil, puesto que lo que se acumula es odio, envidia, y afán de revancha... puesto que "esa guerra civil", de unos contra otros, sigue existiendo de forma larvada. </p>
<p> Otra cosa sería si hubiese leyes apropiadas y jueces verdaderos, dispuestos a que fuesen cumplidas. Si no es así; esto seguirá siendo "una merienda de negros", En Andalucía, Cataluña, provincias Vascongadas y cualquier rincón de "este queso de muchas leches" (así lo denominé en mis escritos hace muchos años) conocido como…</p>
<p>E S P A Ñ A: Si lo mismo o parecido ocurre en los países que nombra, me es indiferente, pero entonces, comprendo el por qué la continua lucha que hay en el mundo de todos contra todos; y los comunistas hicieron igual, o mucho peor: analice como ha quedado la URSS y todos "sus satélites"; algunos de los cuales he visitado y he recibido información de gentes de allí, que me contaron la realidad del capitalismo comunista y quienes se han quedado con todos los despojos, de valor capitalista que quedaron disponibles; y que no son otros que los “limpios comunistas”, de la nomenclatura de aquella mentira de “todo para el pueblo”.</p>
<p>Por lo demás me mantengo en mi definición de la España “franquista”; o sea que Franco recoge un solar devastado por ambas fuerzas contendientes; con veinte millones de habitantes; la inmensa mayoría muertos de hambre, sin vivienda, analfabetos, etc. y que cuando muere cuarenta años después; deja a España, con el doble de población, puesto que está en cuarenta millones de habitantes; y los deja bastante alfabetizados, a la mayoría con vivienda e incluso coche propios… y por sintetizar aún más… “los cubos de basura de 1975, llevan dentro; quizá otro tanto de lo que los españoles han consumido durante el día, amén de los millones de extranjeros que como turistas nos visitan”… y esa es la síntesis final, con sus sombras y sus luces; con sus asesinatos si usted quiere y que yo no negaré… puesto que soy huérfano por ello.</p>
<p>Antonio García Fuentes</p>
<p>(Escritor y filósofo)</p>
<p>www.jaen.ciudad.org (allí más)</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2007/03/23/ano-1936AÑO 19362007-03-23T13:14:44+00:002007-11-06T07:42:15+00:00
<p>AÑO 1936</p>
<p>Empieza el año trágico de España. El enfrentamiento entre derechas e izquierdas hacía el choque inevitable. Asaltos, huelgas, asesinatos e incendios presagiaban la gran catástrofe.</p>
<p>La influencia de mi padre y la de los Maristas, lógicamente se iban metiendo dentro de mi. Nuestro ídolo era José Antonio y en Lucena, en el Colegio, aprendí a cantar el Cara al Sol que luego enseñé, junto con Vicente, a Epifanio que fue uno de los primeros falangistas de Luque.Yo seguía con mis estudios normalmente, luchando para sacar los dos Sobresalientes y el primer puesto de la clase y tener así a mi padre contento, pues sabía la alegría que con eso le daba.</p>
<p>Las izquierdas, dispuestas a toda costa a conquistar el poder, formaron el tristemente célebre Frente Popular.</p>
<p>El día 16 de Febrero iban a ser las elecciones y el día 9 escribía a mis padres diciéndoles que, con tal motivo, nos habían dado vacaciones en el Instituto, pero que en el Colegio sólo daban de sábado a lunes, diciéndoles a mis padres que no iría a casa porque no mecía la pena para dos días.</p>
<p>Mi padre me contestó que "efectivamente, no merecía la pena que fuera porque, como ganarán las derechas, todo estará tranquilo y pacífico". </p>
<p>Qué equivocación o qué ganas de tranquilizarme.</p>
<p>El 16 de Febrero, día de las elecciones, escribía a mis padres y les decía que se habían ido bastantes niños de vacaciones (seguramente por miedo), les enviaba unas notas estupendas y les añadía:"Ayer estuve oyendo el discurso de Gil Robles" (Nos habían llevado los Maristas a un cine donde, por radio, se difundió el discurso)</p>
<p>Las elecciones fueron, en su primera vuelta, según parece, bastante equilibradas, pero las izquierdas comenzaron los desmanes.Se corrió la voz de que iban a quemar el Colegio y los Maristas, asustados, avisaron a nuestros padres para que fueran a recogernos. Yo recuerdo que me fui a Luque, con otros luqueños, en el camión de Vicente. </p>
<p>Nos detuvimos en Cabra y en un bar oí, desde la puerta, un discurso de Azaña<br />
con el que pretendía tranquilizar a los españoles.</p>
<p>Al pasar por Doña Mencía estaba ardiendo la Iglesia.</p>
<p>Durante mi estancia en Luque se rumoreó que iban a quemar la Iglesia. El<br />
Párroco, Don Ángel (que pasados los años casaría a mi hermano Eloy) se fue a Bujalance huyendo de la quema. Mi padre, que era respetado en el pueblo, habló con "Puchita", un Jefe de los comunistas, pescadero, padre de mi amigo Alfonso, quien le tranquilizó diciendo que él le respondía de que ni se quemaría la Iglesia ni el Convento de las Mercedarias.</p>
<p>Lo cierto es que las Hermanas Mercedarias se salieron del Convento, que era también Hospital, y donde yo aprendí a leer con Sor Teresa. Dos o tres monjas se alojaron en mi casa. Parece que estoy viendo a mi madre guardando en el armario unos cálices que traían.</p>
<p>Confiado en la palabra del Jefe comunista, mi padre, con algún amigo, fue<br />
en el coche a Bujalance de donde logró traer el Párroco.</p>
<p>"Puchita", cuyo nombre era Juan Sánchez, cumplió su palabra y no pasó nada. Desdichadamente "Puchita" fue fusilado en agosto de 1936 por gentes venidas de Baena en la misma plaza de Luque, frente a la Iglesia, junto con otros seis desgraciados, que no tenían otra culpa que ser significados izquierdistas. Los de Baena venían furiosos por las salvajadas que los rojos habían cometido en aquel pueblo.</p>
<p>Parece que el Comandante del Puesto de la Guardia Civil de Luque, que se llamaba Sánchez, y cuya cara recuerdo perfectamente, logró salvar a otros infelices luqueños que se hallaban presos en el Cuartel y que los baeneros querían fusilar también.</p>
<p>No debían andar la cosa muy tranquila porque, posiblemente fuera el 23 de febrero, aún permanecía yo en Luque. Ese día se celebraba una segunda vuelta de las elecciones y estuvo a punto de ocurrir una tragedia en casa. Mi padre se había ausentado a Albendín a levantar algún acta electoral y mi madre se quedó sola con los cinco niños. Hacía<br />
mucho frío, encendió el brasero de picón y nos dejó en el comedor, mientras ella hacía las faenas de la casa.</p>
<p>Fue a darnos una vuelta y nos encontró a dos de nosotros caídos en el suelo, intoxicados con el monóxido de carbono que desprendía el brasero. Enseguida abrió la ventana, comenzó a pedir auxilio y conseguimos salir con vida pues todos estábamos intoxicados. De haber tardado un poco, sabe Dios lo que hubiera pasado.</p>
<p>Frente a casa había un colegio electoral. En cierto momento se armó un alboroto, motivado porque un obrero había roto una urna. </p>
<p>Pare remate del día, mi padre tardaba en llegar. El motivo de la tardanza fue que, a la salida de Albendín le habían tiroteado el coche y pudieron escapar de verdadero milagro. Fue un día para no olvidar.</p>
<p>No recuerdo en qué fecha regresé al Colegio, pero me extraña que en una carta del ocho de marzo, dijera a mis padres que había llegado bien a Lucena. Supongo que hasta entonces se prolongaron las vacaciones por las elecciones.</p>
<p>Tanto en esta carta como en la siguiente del día quince, les daba la buena noticia de mis dos Sobresalientes y el primer puesto.<br />
También les decía, para gozo de mi madre, que había terminado los Siete<br />
Domingos a San José.</p>
<p>En mi carta, posiblemente del 22 de abril, felicitaba a mi madre que llevaba el mismo nombre que la Patrona de Lucena y del Colegio, enviaba mi estupenda nota y, aprovechando tal circunstancia, pedí permiso a mi padre -que lógicamente me concedió- para ir de excursión con el Colegio a Granda. El precio era de ¡quince pesetas!.</p>
<p>La excursión tuvo lugar el día diez de mayo, fecha de mi cumpleaños. Fuimos en dos autobuses. En las proximidades de Granada hicimos un alto. Desde allí pudimos contemplar una espesa humareda que flotaba sobre la ciudad. Aquella noche los rojos (comunistas, socialistas y demás ralea) habían incendiado algunas iglesias. Me imagino la tristeza, y tal vez el miedo, que invadiría a los Maristas que nos acompañaban.</p>
<p>Quiero recordar que desayunamos en el Colegio de los Maristas de Granada, donde permanecimos poco tiempo porque el patio estaba invadido por el humo del incendio de una iglesia próxima.</p>
<p>Visitamos la Catedral y Capilla de los Reyes Católicos y regresamos de nuevo al Colegio para comer. Vimos el fina de la etapa de la vuelta ciclista a España que ganó Gustavo Deloor, creo que era belga.</p>
<p>Por la tarde visitamos la Alambra y el Generalife y subimos a la Torre de la Vela. Todos estos detalles constan en la carta que escribí a mis padres el once de mayo donde les digo que "salimos de Granada a las seis y media y llegamos al Colegio a las doce menos veinte minutos". </p>
<p>Mucho tiempo me parece.</p>
<p>Por aquellos días la situación de España era de verdadera catástrofe. El caos reinaba por todas partes: asesinatos, incendios, huelgas, odios, hambre y todas las calamidades imaginables.</p>
<p>Sin embargo, a mis cortos años, apenas me enteraba ni me<br />
afectaban tan graves sucesos. Sí recuerdo que cuando, en las vacaciones iba<br />
con mi padre al Casino, le oía comentar con sus amigos las noticias que su<br />
periódico, "El Debate", traía sobre los sucesos de España.</p>
<p>Cuando ahora, a mis 73 años, leo la historia de aquellos meses, bien claro estaba que nos acercábamos a la gran tragedia.<br />
Terminé el segundo curso de Bachillerato el 26 de mayo, -bien se ven las prisas de los Catedráticos del Instituto para acabar cuanto antes-. Saqué, como el curso anterior la calificación de Notable. Bien ajeno estaba yo que iba a estar tres años sin estudiar.</p>
<p>Me fui de vacaciones a casa donde estuvimos hasta finales de junio.<br />
Mi padre había pedido permiso al Colegio Notarial y se lo concedieron el 24 de junio por un mes. Conservo el oficio en que se le notificó.</p>
<p>El propósito era irnos todos a Dos Torres y estar un mes en el cortijo de mi tío en La Jara (entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba y a medio kilómetro del Santuario de la Virgen de Luna).</p>
<p>Creo que llegamos a La Jara el tres de julio, para desdicha nuestra, pues de haber retrasado la llegada quince días, nos hubiéramos evitado los horrores de la zona roja y, tal vez, la muerte de mi padre.</p>
<p>En el cortijo vivíamos casi aislados del mundo. Algún día mi tío nos enviaría, desde Dos Torres, periódicos y comida, que en realidad no necesitábamos, pues mi tía Eloisa amasaba y mi padre había hecho buen acopio de comestibles, al pasar por Pozoblanco, en los almacenes que se llamaban "El Siglo XX".</p>
<p>El cortijo estaba situado en un cruce de caminos, por el que era frecuente el paso de carros, trabajadores y ganados. Sin embargo, a partir de mediados de julio, observamos que había cesado, casi totalmente, el tránsito por aquellos caminos.</p>
<p>Debió ser el día 15 ó 16 cuando llegó Venancio, un vendedor ambulante de vino que, subido en un caballo, llevaba en pellejos por aquellos cortijos. El fue quien nos dijo que habían matado a Calvo Sotelo y que "la cosa estaba muy mal".</p>
<p>No sé si mi padre indagaría por algún cortijo cercano cómo estaba la situación. Si sé que teníamos noticias de que grupos comunistas de Pozoblanco y Villanueva de Córdoba andaban registrando y "requisando" por aquellos contornos.</p>
<p>A los pocos días alguien llegó alarmado diciendo que en un cortijo de los alrededores habían asesinado al "señorito".</p>
<p>Esa misma persona nos puso al corriente de la situación de los pueblos próximos. Por él supimos que Dos Torres y Pozoblanco estaban "por los ricos" y que Villanueva era de los rojos donde habían matado a los Curas y a los Guardias Civiles. También nos dijo que mataban a todo el que no llevara un lazo rojo. Mi tía Eloísa cogió rápidamente una cortina roja, la hizo tiras y desde mi padre a Amparito, pasando por el Guarda, que ya no era Roque, el asesino, todos nos convertimos en leales a la República.</p>
<p>Seguíamos, como es natural, sin noticias de mis tíos de Dos Torres ya que se encontraban en zona sublevada y también sin apenas noticias de nadie y de nada.<br />
Una tarde oímos tiros hacia la parte del Santuario. Era que los rojos habían fusilado a la Virgen.</p>
<p>Bajamos una tarde por agua al pozo de la Venta y, estando allí, el guarda advirtió que, a unos trescientos o cuatrocientos metros, venían en fila india, por una vereda un grupo de unos quince hombres con escopetas. Temiendo lo peor (¡Cuánto miedo debió de pasar mi padre!) ya que los escopeteros habían de pasar junto al pozo, con aparente tranquilidad regresamos rápidamente al cortijo. Temíamos que se llegaran a la casa pero se desviaron y tomaron el camino del Santuario.</p>
<p>Al anochecer de ese mismo día, mi padre y el guarda, que habían escondido la escopeta de mi tío apresuradamente en el hueco de una encina, la sacaron y enterraron lejos del caserío.</p>
<p>Una mañana de aquellas vimos venir hacia la casa un grupo de ocho o diez escopeteros. Mi padre y el guarda salieron a la puerta. </p>
<p>Cuando se encontraban a 25 ó 30 metros se echaron las escopetas a la cara y<br />
obligaron a mi padre y al guarda a que levantaran los brazos. Yo presencié<br />
la escena junto a ellos con el consiguiente susto.</p>
<p>Entraron en el cortijo y dijeron que se les preparara el almuerzo. Se les antojó comerse unos gallos y unas palomas que mataron a tiros, con el consiguiente susto de mis hermanos pequeños que lloraban llenos de pavor.</p>
<p>Registraron la casa buscando escopetas y dinero. Abrieron un arca donde mi tía Eloísa guardaba muchos ejemplares de una revista religiosa que se llamaba "El pan de San Antonio". Esto suscitó las iras de los saqueadores que dijeron ¡vaya gentuza esta!.</p>
<p>Sin duda insultarían a mi padre y a mi tía, sobre todo cuando supieron que mi tío Antonio estaba en Dos Torres.</p>
<p>Preguntaron a mi padre quién era y seguramente les enseñaría la cédula personal que era el documento de identidad de aquellos tiempos. Cuando supieron que era Notario debieron aumentar las sospechas de que mi padre era un fascista.</p>
<p>Mi tía, en su sordera y en su despiste, para confirmar que mi padre era Notario y buena persona, no tuvo sino la infeliz idea de sacar un sobre recibido días antes, donde en la dirección aparecía mi padre como Notario. Por si no bastaba eso y remachar que éramos buenas personas, sacó del sobre una foto de la Primera Comunión de mi hermana Lucía. Uno de los milicianos, como si hubiera visto al mismísimo demonio, le dijo: señora, guarde Vd. eso.</p>
<p>Después de comer, colocaron un cartel en la puerta escribiendo: "Este cortijo ha sido requisado por el Frente Popular de Villanueva de Córdoba".<br />
Al marcharse advirtieron a mi padre que al día siguiente se presentara con el guarda en el puesto de mando que tenían los rojos en La Morra, a unos dos kilómetros de nuestro cortijo y donde estaban concentrados los milicianos que pretendían asaltar Pozoblanco.</p>
<p>Es de imaginar la impaciencia e inquietud con que madre esperaría el regreso de mi padre, pues recuerdo la alegría con que se abrazaron. Mi padre debió de presenciar en el "Cuartel General" cosas espantosas. Sólo recuerdo haberle oído decir que había visto a un sacerdote, al parecer de Villanueva de Córdoba, que estaba cavando una fosa.</p>
<p>Ante la imposibilidad de ir a Dos Torres, tuvimos que permanecer en Las Jara, supongo que en muy precarias condiciones, tanto de comida como de ánimo, temiendo la llegada de una de aquellas bandas de requisadores y asesinos.</p>
<p>Una de aquellas tardes, sería sobre el quince de Agosto, un avión republicano dejó caer una bomba sobre Pozoblanco. Lo vimos perfectamente desde el cortijo. Era el primer bombardeo que veíamos.</p>
<p>Hacia el día veinte ocuparon los rojos Pozoblanco. Dos Torres quedaba aislado en zona roja y sin posible defensa. El día cinco de Agosto ya habían intentado los rojos asaltar el pueblo, pero fracasaron, dejando en sus calles cuatro muertos, uno de ellos un minero, cabecilla comunista de Linares.</p>
<p>Aún se veía años después, en el quicio de una puerta, el impacto de la bala que lo mató. Posiblemente aún se vea.<br />
El día 25 de agosto fue el asalto definitivo de los rojos a Dos Torres. Los milicianos del contorno, ayudados por un grupo de mineros de Linares y por tropas de Carabineros que mandaba el Capitán Castell, consiguieron ocupar el pueblo, a pesar de la resistencia que debieron hacer los "fascistas" y que no pudo ser mucha a la vista de la gran cantidad de fuerzas enemigas.</p>
<p>Parte de los defensores se rindieron bajo la palabra de honor del capitán Castell de respetarles la vida. Entre ellos se encontraba mi tío Antonio.<br />
Otro grupo de quince o veinte personas huyeron del pueblo con el propósito de llegar a Córdoba. Hicieron noche en un cortijo de la sierra y fueron delatados por el guarda, presentándose gran cantidad de milicianos al amanecer del día siguiente que rodearon el cortijo, los apresaron y los fusilaron en el Cementerio de Pozoblanco.<br />
Igual triste suerte corrieron otros treinta o cuarenta vecinos de Dos Torres que aquella misma tarde fueron asesinados a mansalva, algunos de ellos en las puertas de sus propias casas y en presencia de sus familiares, entre ellos el Tío Fermín (hermano de mi tía Carmela).</p>
<p>El mismo final tuvo un primo hermano de mi padre, Antonio Jurado, de avanzada edad, fervoroso católico y que seguramente no había cogido una escopeta en su vida. No se perdía una Adoración Nocturna.</p>
<p>Vivía entonces en Dos Torres mi tía Ascensión, hermana de mi padre y de mi tía Eloísa, que tendría unos 65 ó 70 años. Entraron a saquear su casa un grupo de milicianos y mujerzuelas, que previamente habían destrozado a tiros una imagen que tenía en una hornacina de la fachada.</p>
<p>Vieron en la sala una preciosa imagen del Corazón de Jesús, de tamaño casi natural, que destrozaron a golpes y a tiros, en presencia de mi tía Ascensión. Tal impresión le causó a mi tía ver aquella sacrílega acción que, de forma instantánea, le dio un ataque y perdió la razón y el habla. Quiso lanzarse contra aquellos energúmenos que, tras rapiñar cuanto pudieron, se fueron dejándola en tan lamentable estado.</p>
<p>Con la razón perdida y sin poder hablar, aunque pacífica y con el Rosario siempre entre las manos, permaneció toda la guerra. Lo mismo reía a carcajadas que lloraba amargamente. Poco a poco se fue recuperando y al final de sus días hablaba bastante bien y recuperó la memoria. Debió morir el año 1941 ó 1942. Fue la primera y única vez que he visto expirar a una persona.</p>
<p>Ocupado el pueblo por los rojos, nos fuimos desde el cortijo de La Jara a Dos Torres, tal vez porque pensara mi padre que estaríamos más seguros que en el campo.</p>
<p>Hicimos el viaje en un carro que se detuvo en la puerta del Ayuntamiento de Pozoblanco, donde entró mi padre a entregar la llave del cortijo.</p>
<p>Llegamos a Dos Torres y allí nos enteraron de la odisea que habían pasado. Mis padres debieron quedar acongojados al enterarse de la gran cantidad de personas asesinadas y del estado en que se encontraba mi tía Ascensión.</p>
<p>Si mi padre creyó que en el pueblo estaría más seguro, se equivocó totalmente, pues los asesinatos seguían y tenía serios motivos para temer por su vida, sabiendo todo el pueblo que era de familia de derechas."</p>
<p>recibido 10-03-07</p>
<p>"Cuando los nacionales entraron en el pueblo (yo tenía entonces trece años) un grupo de muchachos nos reunimos en la plaza y acordamos ¡ir a por el Preso! Mi hermano Antonio, asustado, me tiraba del brazo para que no fuera.</p>
<p>Hubiéramos llegado tarde, de todos modos porque a aquella hora el Preso ya se había quitado la vida en un chozo de las afueras del pueblo.</p>
<p>Muy de pasada quiero mencionar aquí a Manuel Rebolo, otro significado asesino, presidente del Comité, a quien siempre recuerdo con un pañuelo rojo al cuello y un pistolón al cinto.</p>
<p>Fue él a quien mandó a mi padre que desalojáramos inmediatamente la "Casa Chica" que entonces habitábamos, para meter a su querida.</p>
<p>En su momento hablaré de otro personaje siniestro, llamado Manuel Luengo. El que más he odiado en mi vida. Bueno, menos que a Carrillo, el asesino de Paracuellos.</p>
<p>Un día en que me encontraba en el "Consejo de Administración de fincas incautadas a los facciosos" (pomposo nombre) llegó un tal Castroviejo, joven anarquista, que volvía del Frente de Porcuna, y contó una derrota que habían sufrido los rojos en Porcuna, empujados por los fascistas, en el afán de estos de liberar el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Era la primera vez que yo oía este nombre. ¡Quién me iba a decir que allí estaba sitiada y pasando mil calamidades una niña de diez años que, con el tiempo, iba a ser el amor de mi vida!</p>
<p>En marzo de 1937 los nacionales inician un avance sobre Pozoblanco, ocupan Alcaraceños y se sitúan a cuatro kilómetros de Dos Torres. Es plena Semana Santa.</p>
<p>Una madrugada se oyen perfectamente las explosiones de las bombas de mano y el tableteo de las ametralladoras. Hay gran bullicio en la calle. Nos levantamos y, cuando esperábamos ilusionados, ser liberados a las pocas horas, los milicianos vienen dando órdenes de evacuar el pueblo.</p>
<p>Una miliciana pone un machete en el pecho de mi padre para que nos vayamos enseguida, llamándole fascista.</p>
<p>No sabemos dónde ir porque, en medio del tiroteo, con mi padre enfermo y cinco niños chicos es una locura salir, pero los milicianos acucian.<br />
Mi padre dice a mi madre que debemos escondernos y esperar a que lleguen los nacionales. Pero ¿dónde? Ya alborea y el estruendo de la batalla es cada más intenso. Vuelven las milicianas, diciendo que huyamos pronto y con lo puesto y no hay más remedio que salir del pueblo.</p>
<p>Salimos a la buena de Dios, con alguna ropa y manta que hemos podido coger y el destino es la casilla abandonada de una huerta, propiedad de una de mis tías, donde también deciden alojarse otros familiares. La casilla está a unos dos kilómetros del pueblo.</p>
<p>Cuando vamos huyendo con lo indispensable nos sobrevuela un avión. Cunde el pánico y algunas personas se tiran al suelo a la orilla del camino. El tiroteo continúa y llegamos a la huerta. Creemos que antes de mediodía estaremos con las tropas de Franco.</p>
<p>Como tardan, decidimos arreglar un poco la casilla, tapando en primer lugar los agujeros de las ratas. Parece imposible que en un espacio de unos cuarenta metros cuadrados quepamos veinticinco o treinta personas. Pero así nos acondicionamos, la mitad durmiendo sobre unas retamas pues no hay colchones para todos.</p>
<p>Cesa la batalla y nos llenamos de pesimismo. Nos llevamos la desilusión de que los nacionales, detenidos ante Pozoblanco por la resistencia de las baterías de Pérez Salas, han regresado a sus posiciones del Puerto Calatraveño y la Chamorra.</p>
<p>En esa situación calamitosa estuvimos en la casilla más de un mes. Durante nuestra estancia en la huerta llegaron tropas de las Brigadas Internacionales. Recuerdo que un checo, que hablaba muy bien el español, regaló a mi padre una correa que hasta hace poco tiempo ha estado rodando por casa. El brigadista hablaba a mi padre de las excelencias del comunismo (¡A buen sitio fue a dar!) Debía ser un Comisario político.</p>
<p>Con nosotros vivía en la casilla de la huerta mi tía Josefa con sus hijos. Ante la insistencia de otro brigadista, le vendió una pava ¡por 25 pesetas! lo que llenó de contento a mi tía porque aquel precio era entonces exorbitante. (Unos meses después hubiera ella dado el triple por tener la pava).</p>
<p>Escaseaba la comida y no sé cómo podíamos vivir. El primer día de estancia en la huerta comimos un trocito de pan con rábanos. Como alguno de nosotros se quejara recuerdo que mi padre dijo que ojalá no nos faltara aquello.</p>
<p>Estaba prohibido volver al pueblo sin permiso del Comité. </p>
<p>Conservo la autorización que le dieron a mi padre para que pudiéramos ir a nuestra casa y recoger alguna ropa. Dice así: "Se autoriza a José Jurado León para que pueda entrar en su casa, sita en la calle Tejar nº 2. Dos </p>
<p>Torres 2 de abril de 1937.- Juan J. López".</p>
<p>Se rumoreó que en Torrecampo y en El Guijo había pan. Fui con mi madre y otras familias a este último pueblo, distante unos ocho kilómetros, con el fin de conseguir algún pan. En El Guijo estaban refugiados mi tío Nemesio, su mujer, Margarita, y alguno de sus hijos que igualmente se habían visto obligados a huir de Alcaraceños, donde vivían, ante el avance de los nacionales.</p>
<p>Había una cola inmensa para comprar pan y estuvimos puestos en ella unas horas. No recuerdo si conseguimos pan.Regresamos a la huerta y, cuando ya estábamos próximos a ella, vimos aparecer tres trimotores pintados de negro que bombardearon Dos Torres. Nos llenamos de pánico, pensando en la suerte que habrían podido<br />
correr mi padre y mis hermanos. Al acercarnos más a la huerta, los vimos escondidos bajo una encina y llenos de miedo.</p>
<p>Instantes después vimos pasar a un hombre que galopaba a caballo y que iba gritando. Llevaba una mano colgando pues le había cogido el bombardeo en el pueblo y corría en busca de Don Federico, un médico que también estaba refugiado en una huerta próxima.</p>
<p>Pasado algo más de un mes desde la huida, dieron autorización para volver al pueblo y regresamos a nuestra casa de la calle Tejar. Por poco tiempo, porque, dos o tres meses después, recibió mi padre la orden terminante del Comité de que al día siguiente debía quedar la casa libre porque se iba a alojar en ella tropa.</p>
<p>A pesar del saqueo y rapiña a que fue sometida la casa el día que entraron los rojos en el pueblo, todavía se conservaban en ella muebles, cuadros, camas y demás enseres que mis tías habían ido acumulando de dos o tres generaciones de sus antepasados.</p>
<p>Tenían un enorme armario empotrado, que llamaban chinero, donde guardaban infinidad de cacharros de loza y china, a cual más raro, vistoso y valioso. También había una estantería que albergaba la biblioteca del "tío Ramón", un sacerdote que creo era hermano del abuelo de mi padre.</p>
<p>Aquella misma tarde escondimos lo más valioso en un cielo raso de la Cámara. No sirvió de nada porque los milicianos, al fin, descubrieron el escondite y robaron o rompieron todo lo escondido.</p>
<p>Los libros del "tío Ramón" sirvieron de combustible para hacer el rancho de la tropa. Lo mismo que las puertas de las habitaciones. </p>
<p>Antes de abandonar la casa, alguien advirtió que en el fondo del pozo había algunos objetos, que, sin duda alguna, los rojos habían arrojado allí, cuando asaltaron la casa por vez primera.</p>
<p>Echamos las rastras y conseguimos sacar varios rosarios y un Crucifijo, al que habían machacado y estaba sin cruz. Ese Crucifijo lo llevó mi madre al cuello y le acompañó en su sepultura."</p>
<p>recibido 12 de mazro 07</p>
<p>"Desahuciados de nuevo, nos acogieron mi prima Bibiana y su marido Marcos. En su casa, en dos habitaciones que nos cedieron, vivíamos toda la familia y también una muchacha de mi edad, que era la sirvienta que habíamos traído de Luque y que estuvo la pobre separada de su familia toda la guerra.</p>
<p>Paulina, que este era su nombre, se especializó en hacer alpargatas con las suelas viejas de goma. Era como de nuestra propia familia. Hoy está de Hermana Mercedaria en la Argentina.</p>
<p>En el verano de 1937 alojaron a unos milicianos en casa de mi tía Carmela. Debían de ser gente importante porque no iban nunca al frente y tenían un aparato de radio. Por aquellos días los nacionales estaban ocupando la zona norte de España y habían ocupado Bilbao.</p>
<p>Yo, inconscientemente, iba a casa de mi tía a la hora del parte y anotaba los nombres de los pueblos que iban ocupando los nacionales, se los llevaba a mi padre y, en un pequeño atlas que teníamos, íbamos siguiendo el avance de las tropas de Franco. Un día me día cuenta de que me observaban, sospechando de mis anotaciones, me dio miedo y dejé de ir por allí.</p>
<p>De vez en cuando seguíamos las noticias de la guerra por el periódico "Política" que, pocas veces, me quería vender el cartero.</p>
<p>Muchas tardes salía con mi padre y mi hermano Antonio de paseo y frecuentemente íbamos a la ermita de San Sebastián, situada en una pequeña elevación a las afueras del pueblo. Teníamos que caminar muy despacio pues mi padre se cansaba por el asma que padecía.</p>
<p>Muchas veces mi padre se quedaba ensimismado mirando al Puerto Calatraveño. No decía nada pero yo adivinaba su pensamiento: allí estaban los nacionales, allí la libertad y la vida y un poco más allá Luque y nuestra casa.</p>
<p>La salud de mi padre iba empeorando por días. El miedo que pasó, tanto en La Jara como a nuestra llegada al pueblo, con tanto asesinato y viendo las privaciones que pasábamos, la persecución de que era objeto y muchas cosas más que nos ocultaría, le afectaron profundamente.</p>
<p>Había días en que guardaba un mutismo casi total. Su mente iba degenerando poco a poco. Un día que salimos los dos al campo me dijo, mirando al Puerto Calatraveño, que se iba con los nacionales. Me eché a llorar y me abracé a él. Se sentó junto a mí y me besó. El también lloraba.</p>
<p>En diciembre de 1937 se agravó. Se le hinchaban las piernas y asomó una dolencia de corazón. No había médico en el pueblo y supongo que mi madre le aplicaría alguno de los miles de remedios caseros que le aconsejaban las vecinas.</p>
<p>En la proximidad de las navidades o primeros de enero de 1938 los rojos se apoderaron de Teruel. Mi padre ya no se levantaba. La caída de Teruel, noticia que sin duda le daría yo, supuso un mazazo para su ánimo, pues frecuentemente me preguntaba por Teruel.<br />
Había momentos en que perdía la cabeza y decía incoherencias. Su obsesión permanente era Luque. Repetía con frecuencia: </p>
<p>Vámonos a casa. El día 23 de enero murió mi tía Eloisa, que vivía en casa de mi tío Antonio, con mi tía Carmela.</p>
<p>Mi padre no llegó a saberlo pues ni se lo dijimos ni pudo entendernos pues continuaba con su eterna cantinela: Vámonos a casa, vámonos a Luque. Recuerdo que me arrodillaba junto a su cabecera y le decía para animarlo, que los soldados de Franco habían entrado en Teruel. Me miraba fijamente, decía alguna incoherencia y su única respuesta era: vámonos.</p>
<p>El día 31 fui con un pariente nuestro a un arroyo a coger sanguijuelas para, como remedio casero, hacerle una sangría en los brazos. El remedio no dio resultado.</p>
<p>El día uno de febrero de 1939 -día tristísimo en mi vida- el Consejo había decidido que yo me fuera a trabajar a la panadería para ayudar a vender pan. Me levanté muy temprano y al poco tiempo de estar en la panadería, llegó mi tía Carmela y me dijo que me volviera a casa porque mi padre se había puesto muy grave.</p>
<p>Cuando llegué, el llanto de mi madre fue suficiente para saber que mi padre había fallecido. Aquello nos hundió a todos.</p>
<p>Del año 1938 lo más destacable era el hambre que pasábamos. Mi hermano Antonio y yo salíamos al campo a coger collejas, cardillos, romanzas y bellotas.</p>
<p>Por la mañana nos hacía mi madre una sopa de harina bien clarita y por la noche un sopicaldo con arroz o lentejas y las hierbas que habíamos podido recoger.</p>
<p>El día que había pan yo procuraba sustraer un par de bollos que me metía en los bolsillos y me llevaba a casa.</p>
<p>La encargada de la panadería era una mujer vestida de riguroso luto pues los nacionales, no sé si en Belmez, de donde era, le habían fusilado a su marido y a un hermano o habían muerto en el frente. Era una comunista furibunda y hablaba pestes de los "fascistas". Un día que, con poco disimulo, cogí los dos bollos, se dio cuente y me reprendió. Nos quedamos sin el pan supletorio.</p>
<p>Como el bronce, en la zona roja escaseaba, y había que fabricar cañones, para matar a los fascistas, decidieron aprovechar las campanas de la zona republicana, que, en realidad para ellos ya no los servían después de haber matado a los Curas y destruido las Iglesias.</p>
<p>Desde la Plaza vi tirar las de la torre de la Parroquia, alguna muy hermosa, que caían con estrépito, atravesando el tejado de la sacristía y haciéndose añicos en el suelo.<br />
Ni que decir tiene que la Iglesia había sido destrozada desde el primer día. Al principio sirvió como salón de actos para las "asambleas" del Comité y, posteriormente, se convirtió en cochera y taller mecánico. El púlpito se lo llevó Manuel Luengo (el que quería fusilar a mi padre por lo de Málaga) para que sirviera de brocal al pozo de su casa. El hermosísimo retablo fue quemado y consumido en la cocina comunal, que sirvió para dar de comer al "pueblo". Sólo se salvó un pequeño trozo de retablo, en la cúpula, que aún se conserva. De milagro no les dio por dinamitar el<br />
templo que es una verdadera maravilla arquitectónica.</p>
<p>Como no había moneda fraccionaria, la adquisición de pan era un problema que resolvió Aurora, emitiendo por su cuenta "papel-moneda". </p>
<p>Puesto que ella no sabía escribir me encargó que en trocitos de cartón que ella recortaba, pusiera yo: "Vale por 25, 10 ó 5 ptas.", sin mas firma ni sello. De este modo yo me convertí en la fábrica de moneda de Dos Torres, pues aquellos vales eran admitidos en todo el pueblo, ya que al día siguiente servían para comprar el pan."</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2007/03/01/recuerdos-jose-jurado-saldana-2 Recuerdos de José Jurado Saldaña 1935, 1935, 19362007-03-01T23:33:55+00:002007-11-06T07:38:58+00:00
<p>post en construcción</p>
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<p>Mi padre se llamaba José Jurado Saldaña (usaba Pepe López como pseudónimo para Internet), nació en Villafeliche (Zaragoza) el día 10 de mayo de 1924. Con muy poca edad, -no sabría precisarte- marchó a Córdoba con sus padres. Allí nacieron sus cuatro hermanos -Antonio, Lucía, Eloy y Amparo- y su infancia la pasó en un pequeño pueblecito de dicha provincia que se llama Luque. Esa localidad siempre la llevaba en el corazón. A sus nietos, le contaba sus andazas como chaval, les hablaba de la "Cueva de la Encantada" y sobre todo de su castillo. El castillo de Luque que, en tono irónico como era habitual en él, quería que fuera su tumba. Mi madre se "mosqueaba" cuando hablaba de ello, por lo que al final todo eran risas.</p>
<p>Pintó innumerables cuadros de "su" castillo. Cuadros que creo tenemos la mayoría de su familia. La dichosa guerra civil, la pasó en otro pequeño pueblecito de Córdoba que se llama Dos Torres (está situado en el Valle de Los Pedroches), allí y con la edad de 13 años falleció su padre, el día 1 de febrero de 1938.</p>
<p>A continuación te transcribo el relato que él escribió y que se titula "Recuerdos de mi infancia":</p>
<p>Año 1934</p>
<p>"Tenía que empezar mis estudios de Bachillerato y mis padres decidieron que debía hacerlo en el Colegio de los Hermanos Maristas de Lucena que se llamaba originariamente Colegio de Nuestra Señora de Araceli, pero como consecuencia de las nefastas y persecutorias leyes de la República, concretamente de Azaña, a quien llamaban el Verrugas, se titulaba, por entonces, "Cultural Lucentina".</p>
<p>Los Hermanos Maristas habían dejado de vestir sotana y lo hacían de riguroso traje negro, puesto que la maldita República había prohibido la enseñanza religiosa.</p>
<p>Pues bien, llegado el día tres de octubre y creyendo mis padres que la separación de ellos iba a ser menos cruenta, acordaron enviarme al Colegio con mi tío Antonio y su mujer, la tía Carmela.</p>
<p>Llegados a Lucena, probablemente en el taxi de Rufo, recuerdo que estuvimos dando un paseo por el pueblo y, al atardecer, me llevaron al Colegio, donde ya había otros cuantos alumnos que habían, al parecer, llegado aquella misma tarde.</p>
<p>La despedida de mis tíos y primos fue como habían previsto -y querido evitar- mis padres. Cogí una llantera y un sofoco muy propios de mis diez años y de quien no se habían separado nunca de sus padres.</p>
<p>Don Adolfo (el Hermano Marista que tenía la misión de cuidar y vigilar a los pequeños y a quien llamábamos el Procurador) trataba en vano de consolarme. El recuerdo de mis padres y la idea de que hasta las Navidades no iba a volverlos a ver no se separaban de mi mente y me hacían caer las lágrimas a torrentes y los suspiros a borbotones.Nos llevó Don Adolfo a un aula para rezar el Rosario. Yo no contestaba sino con lágrimas y suspiros que, en lugar de enternecer al Procurador lo iban sulfurando a ojos vista y de modo creciente.</p>
<p>Me lanzaba unas miradas que me llenaban de pavor. El Santo Rosario ya no se parecía nada a un acto de devoción. Don Adolfo daba pequeños golpecitos con los nudillos en la mesa, al mismo tiempo que con sus miradas me fulminaba.</p>
<p>De pronto se me escapó un gemido que me salió de lo hondo de los pulmones y Don Adolfo ya no se pudo contener. Dio un puñetazo en la mesa, pronunció unas palabras atronadoras que no entendía y el Rosario acabó como era de esperar: sin letanías.</p>
<p>Estuvimos en el patio una hora aproximadamente y debía tranquilizarme algo porque recuerdo que hablé con alguno de quienes serían mis compañeros de curso. Por cierto que no me explicaba cómo tendrían el corazón tan duro y no habían derramado ni una sola lágrima acordándose de sus padres.</p>
<p>De improviso sonaron unas palmadas. Era Don Adolfo que mandó colocarnos en fila para entrar al comedor. No recuerdo qué cenaríamos, pero con toda seguridad que no faltó aquella noche la sopa de ajo que, invariablemente era el primer plato de la cena durante los dos años que estuve en el Colegio.</p>
<p>Presidían la cena, en una mesa colocada sobre una tarima, el Procurador y otro Profesor cuyo nombre no recuerdo. Tras la cena estuvimos una media hora en el patio. Nuevas palmadas del Procurador y, en fila, al dormitorio.</p>
<p>Yo estuve durante los dos cursos en un dormitorio de doce camas. En un rincón y separado por unas cortinas, un habitáculo donde estaba la cama de D. Adolfo."</p>
<p>"Ni que decir tiene que apenas dormí aquella noche. Como el recuerdo de mis padres y hermanos no me dejaba, las lágrimas y suspiros continuaban sin cesar. Para que Don Adolfo no me oyera me tapé la cabeza y entre suspiro y suspiro me pasé la mayor parte de la noche.</p>
<p>Debí quedar completamente rendido y el sueño me venció. Por poco tiempo porque oí las palmadas de Don Adolfo que venía por el pasillo rezando en voz alta el Avemaría. Serían las siete de la mañana. Fuimos a los lavabos. (Aún recuerdo los lavabos cada vez que huelo el jabón Heno de Pravia).</p>
<p>No hubo estudio aquel día, como es lógico y oímos Misa en la Capilla del Colegio. Tras el desayuno y un pequeño recreo, los alumnos de primer curso, aproximadamente quince, nos fuimos a nuestra clase. Don Martín, de muy pequeña estatura, era nuestro Profesor. Le llamaban de mote "Pipote".</p>
<p>Sereno ya un poco mi ánimo, y siguiendo las instrucciones que me había dado mi padre, atendía con todo esmero las explicaciones de Don Martín. Recuerdo que la primera lección fue de Ciencias Naturales. Trataba de Botánica y aprendí perfectamente la clasificación de las hojas de las plantas. En las demás asignaturas también procuraba atender con todo cuidado. Aquello me gustaba. </p>
<p>Cuando, en aquellos días, Don Martín me preguntaba la lección, debía responderle bien porque Paulino mi amigo y vecino de Luque y compañero de clase, me decía: ¡te ha puesto un cinco! Yo no sabía qué significaba ese cinco, pero esos cinco repetidos, al final de la semana habían de significar un Sobresaliente que hacía las delicias de mis padres cuando les mandaba las notas. </p>
<p>La primera carta que escribí a mis padres debió de serles<br />
muy agradable porque en la contestación -que conservo- del doce de Octubre, me decían: "Nos alegramos de lo bien que dices estás, de lo bien que comes, de lo bien que duermes y de lo mucho que te dispones a estudiar. Total, que en ese Colegio todo es bueno. Dios quiera que así sea y que la última carta, que desde él nos escribas, venga escrita en el mismo sentido que la primera".<br />
No sabían mis padres que la procesión seguía por dentro, aunque más mitigadas. De todos modos se acabaron las lágrimas.</p>
<p>No podíamos saber ni comprender "los pequeños" que, por aquellos días se desarrollaba en Asturias la tristemente célebre "revolución de Octubre" en la que comunistas y socialistas asesinaban con todo ensañamiento a decenas de Sacerdotes y religiosos, en un ensaño para la orgía de sangre que dos años después pusieron en práctica en media España.</p>
<p>En plena plaza de un pueblo asturiano "se vendía carne de cura".</p>
<p>De aquellos meses de finales de 1934 conservo el recuerdo de que en el Colegio sacaba muy buenas notas. Era muy corriente que obtuviera el primer puesto de la clase con dos Sobresalientes. Mi padre, a juzgar por sus cartas, se llenaba de gozo cuando veía esas notas, pero se entristecía la semana que las notas flojeaban.</p>
<p>Como la enseñanza por los Religiosos carecía de validez oficial, teníamos que ir diariamente al Instituto "Luís Barahona de Soto" que estaba en la misma Ciudad.</p>
<p>Todas las mañanas, después del desayuno, los Maristas nos llevaban al Instituto y por la parte, en el Colegio, preparábamos las clases del día siguiente. Ni que decir tiene que donde realmente se aprendía era en el Colegio, por lo que la mayoría de los alumnos del Instituto lo eran también del Colegio de los Maristas."</p>
<p>"La vida en el Colegio era bastante monótona Nos levantábamos a las seis y media. Venía Don Adolfo por los pasillos de los dormitorios para despertarnos dando palmadas y rezando enalta voz las tres Avemarías.</p>
<p>Rápidamente nos levantábamos y corríamos a los lavabos para coger los rimeros puestos.</p>
<p>Íbamos, a continuación, al salón de estudios donde, en invierno pasábamos bastante frío, ya que sólo había una estufa de carbón de piedra, en la que Don Adolfo colocaba una lata con hojas de eucalipto.</p>
<p>Tras una hora de estudio, teníamos la Santa Misa en la Capilla del<br />
Colegio. El desayuno consistía en una taza de chocolate y otra de café con eche. Mi madre decía, cuando yo se lo contaba, que eso era albarda sobre<br />
albarda.</p>
<p>Rápidamente formábamos fila de a dos y con algunos Profesores nos dirigíamos al Instituto, atravesando la Plaza Nueva y la del Coso, y allí permanecíamos hasta la una.</p>
<p>Vuelta al Colegio, comida con el invariable cocido los dos cursos que<br />
estuvo allí, un pequeño recreo y, a las tres, a clase. Teníamos el recreo a las cinco que duraba media hora y, durante él, D. Adolfo, tras la reja del almacén, nos iba repartiendo la merienda que consistía en una jícara de chocolate y una rosca de riquísimo pan. Cada tableta de chocolate traía una estampa de la guerra de Abisinia y eran de ver las estratagemas y peleas que hacíamos para coincidir con la apertura de cada tableta y llevarnos la<br />
estampa.</p>
<p>Terminado el recreo, volvíamos a la clase en la que permanecíamos hasta las siete. Otra hora de recreo, cena, corta estancia en el patio y subida a los dormitorios donde, arrodillados, rezábamos las tres Avemarías (devoción que toda mi vida he conservado) y a la cama.</p>
<p>Don Adolfo apagaba la luz, permanecía sentado en un sillón -a veces, cuando el frío apretaba se envolvía en una manta- y cuando comprendía que el sueño nos había vencido, se retiraba a su habitáculo a descansar.</p>
<p>Así eran de monótonos los días en "La Cultural Lucentina"..</p>
<p>Yo me iba adaptando a la vida del Colegio y la congoja de los primeros días había desaparecido.</p>
<p>Llegaron las vacaciones de Navidad y las pasé con mis padres y hermanos en Luque. El Procurador nos llevaba en el tren que hacía el trayecto de Punte Genil y Linares y nos iba repartiendo a los alumnos que vivíamos en aquel trayecto.</p>
<p>A medida que se aproximaba el final de las vacaciones, volvía la congoja a mi corazón y lloraba a hurtadillas.</p>
<p>Al regreso al Colegio mis padres me llevaban a la estación. Don Adolfo se asomaba a la ventanilla y yo, con las inevitables lágrimas me despedía de mis padres y me subía al tres. Recuerdo que al arrancar el tren vi a mi madre que me despedía con la mano y, como si me quitaran lo más sagrado de mi vida, lancé un grito desgarrador: ¡Mamá!. Vi que mi madre lloraba.</p>
<p>La vida en estos primeros meses de 1935 seguía en el Colegio tan monótona como siempre. Yo seguía sacando buenas notas, con la consiguiente alegría de mis padres que esperaban impacientes las tardes de los lunes con la ilusión de que el correo les trajera las buenas notas de estudios y de conducta de su hijo Pepito.</p>
<p>No sé qué me pasaría en la cuarta semana de 1935 que saqué los pies del plato. Posiblemente por haber sacado un simple aprobado en francés y en Ciencias, lo cierto es que el domingo estaba escribiendo a mis padres para enviarles las notas.</p>
<p>No me resignaba a salir en el puesto catorce, acostumbrado a ser casi siempre el primero o el segundo, con Sobresalientes, tanto en estudios como en comportamiento. Así es que, lleno de ira, por creer que se había cometido conmigo una injusticia, rompí o arrugué la nota.</p>
<p>Nunca lo hiciera. Dos Martín que nos vigilaba, observó mi acción, me recogió la nota, la hizo de nuevo y estampó en ella la siguiente apostilla:<br />
"Le he rebajado la nota de comportamiento (me puso Bueno, que era nota inferior a Sobresaliente y Notable) por habérsela tenido que repetir, por haberse permitido romper la primera nota que le había dado. Le saluda su Afmo. M. Robredo"</p>
<p>Aquello debió ser un mazazo para mi padre. Tan grande que el 4 de Abril de 1935 me escribía la siguiente carta -que conservo- y que me llenó de pesadumbre, abatimiento ¡y lágrimas¡.</p>
<p>Decía así: "Querido Pepito: No sé por dónde empezar a reprenderte, si por<br />
las malas notas que tuviste la semana pasada o por la osadía y desvergüenza<br />
que demostraste al romperlas; para mí esto último es peor que lo primero.<br />
Seguramente no comprendas el daño que nos causas y el que tú mismo te<br />
haces con esa conducta que observas. Cuando eras bueno y estudiabas te daban</p>
<p>Sobresalientes y ahora eres malo y no estudias lo bastante, ¿cómo te los van<br />
a dar?</p>
<p>En fin, tu conducta quiere decir que no quieres venir de vacaciones y, para darte gusto, te quedarás en Lucena esta Semana Santa y mientras el Sr. Director no me diga que has cambiado de conducta y que estudias más, te quedarás en el Colegio para aprovechar el tiempo que ahora pierdes. En vez de hacerte querer para que aprendas más y te den alguna matrícula haces lo contrario y eso no es lo que me prometiste el día que te fuiste.</p>
<p>¿Quieres parecerte a Ferreira? (era el último de la clase) Ya habrá otros niños estudiosos a quienes puedes imitar.</p>
<p>Que seas mejor que eres es lo que desea tu padre que te quiere".</p>
<p>Razón tenía mi padre que soñaba con las matrículas de honor y que yo no le pude ofrecer. ¡Cuánto hubiera disfrutado, de haber vivido, viendo que su hijo Pepito sacaba Matrícula de Honor en todas las asignaturas los años 1940, 1941 y 1942.</p>
<p>Y también tenía razón al proponerme como ejemplo "otros niños estudiosos",<br />
porque en mi misma clase estaban Rafael Beato y Valeriano Moreno que conmigo disputaban los primeros puestos.</p>
<p>En la misma carta mi pobre madre escribía: "Querido hijo: Ya ves el disgusto que nos ha proporcionado tu carta con el atrevimiento que tuviste de romper la nota. ¡Y para eso corremos para ir en busca de tu carta y nos mandas disgustos! Procura esta semana ser bueno. Besos de tus hermanos y recibe un abrazo de tu madre. Araceli"</p>
<p>Aquella carta me hundió totalmente. Ya me veía soso en el Colegio y sin poder ver a mis padres y hermanos durante tres meses. </p>
<p>Sin embargo, me debí sobreponer porque el día nueve de Abril mi padre me escribía: "Nuestro querido hijo: Con gran alegría y contento recibimos tu carta de ayer y en vista de las buenas notas que mandas, puedes venirte a pasar con nosotros las vacaciones, si es que sigues siendo buena y el Sr. Director te da permiso. Te esperaremos el viernes en la estación".</p>
<p>Es de suponer el gozo que aquella carta me produjo y como consecuencia debía pasar unos estupendos días de vacaciones de Semana Santa.<br />
En Enero o Febrero de 1935 mi padre fue a verme al Colegio. Por entonces tenía yo las manos llenas de sabañones y le debí causar una penosa impresión porque algunos sabañones me sangraban. Se debió quedar tan impresionado al verme que se quedó un par de días conmigo y nos quedamos a dormir en el Hotel.</p>
<p>Pidió al Director que, como remedio casero que por entonces se usaba, me pusieran un recipiente con agua muy caliente, para facilitar la circulación de la sangre de mis manos y durante muchos días iba a la cocina por las mañanas y durante un buen rato sumergía las manos en agua caliente.</p>
<p>También recuerdo que en aquellos dos días fui liberado de las clases y mi padre me llevó al cine.<br />
Era la primera vez que yo veía el cine sonoro.<br />
Al terminar el curso saqué en el Instituto la nota de Notable.</p>
<p>VERANO DE 1935.-</p>
<p>Poco recuerdo de aquel verano. Lo pasé con mis hermanos Antonio y Lucía en el cortijo de La Jara. Allí mi tía Eloisa y el guarda Roque (que el año siguiente sería su consumado asesino de señoritos", por lo que al terminar la guerra fue fusilado) se hicieron cargo de nosotros. Allí estaban también dos de mis primos.</p>
<p>A mis cortos años lo debí pasar bien, correteando por aquellos encinares, yendo de paseo al Santuario de la Virgen de Luna y cortijos próximos, a la Venta por agua y a coger nidos.</p>
<p>Pero mis pensamientos estaban en Luque y en mis padres. A mi hermano le pasaba igual y frecuentemente nos consolábamos recordando cosas de Luque y pensando en lo linda que estaría Amparito que entonces tendría poco más de un año."</p>
<p>"Un día que se encontraba el guarda ausente, estábamos jugando al balón en la puerta del cortijo. Vi, de pronto, venir un grupo de "gitanas". Di la voz de alarma y salimos despavoridos encerrándonos en la casa. Tal era el miedo que infundían. Al momento llegaron las "gitanas" y llamaron a la puerta. La tía Eloisa, sorda como una tapia, se puso a rezar aconsejándonos silencio.</p>
<p>Las "gitanas" empezaron a gritar: ¡Eloisa, Eloisa! Le dijimos a mi tía que gritaban su nombre y se asomó a una ventana del piso alto.</p>
<p>Se deshizo el error. No eran gitanas las que llamaban sino las pastoras y guardesas de un cortijo cercano que venían a visitar a mi tía. El susto que nos dieron era para no olvidarlo, sobre todo porque nos encontrábamos solos.</p>
<p>Otro susto no menor nos llevamos otro día en que fuimos con el guarda al Santuario de la Virgen de Luna. El guarda se entretuvo con el santero más de la cuenta y emprendimos el regreso ya anochecido.</p>
<p>Mi tía, que se había quedado sola con Lucía, viendo nuestra tardanza se alarmó y salió a buscarnos por los alrededores del cortijo.</p>
<p>Yo la oía gritar: ¡Ay mi niña! ¡Ay mi niña! Y naturalmente me puse en lo peor. Creí que los gitanos se habían llevado a mi hermana. Al parecer no gritaba ¡ay mi niña! Sino ¡ay mis niños!</p>
<p>Cuando nos acercamos a los gritos y al fin pude ver que mi hermana Lucía iba de la mano de mi tía, el corazón se me ensanchó.</p>
<p>Mi tía Eloisa le echó una reprimenda al guarda y al día siguiente lo mandó al pueblo. Nos quedamos solos con el consiguiente pánico, porque en aquellos tiempos y en el campo era una temeridad. No recuerdo a quién nos mandaría mi tío para protegernos.</p>
<p>Muy vagamente recuerdo nuestro regreso a Luque que debió ser a finales de septiembre. Me llenó de alegría ver a mis padres y sobre todo a Amparito que estaba lindísima.</p>
<p>OCTUBRE, NOVIEMBRE YDICIEMBRE DE 1935</p>
<p>La vuelta al Colegio este nuevo curso no me produjo el doloroso impacto del anterior, aunque supongo que, al despedirme de mis padres, en la estación debí derramar alguna lágrima.</p>
<p>Al contrario, este año era yo quien tenía que consolar a Vicente, mi amigo y vecino de Luque que estaba tan triste como yo el año anterior. Tenía su cama junto a la mía y de noche, tapada la cabeza, le oía llorar. Hacía lo mismo que yo había hecho un año antes.</p>
<p>Seguía sacando buenas notas y en continua disputa por el primer puesto con Rafael Beato y Valeriano Moreno.</p>
<p>Mi madre me decía en una de sus cartas que "hiciera los Siete Domingos a San José, como ya sabes es costumbre de siempre a ver si el Santo bendito te ayuda en tus estudios y puedes sacar siempre sobresaliente".</p>
<p>Poco debió ayudarme el Santo Bendito porque en noviembre<br />
volvía a meter de nuevo la pata.</p>
<p>El día 17 de noviembre le escribía a mis padres: "Esta semana he tenido una nota pésima porque no he estudiado casi nada". Mi padre no toleró tanta franqueza e ingenuidad y me echó otro jarro de agua fría con su carta del día 22.</p>
<p>Me decía: "Mi querido hijo: No puedes figurarte la sorpresa que nos causó tu carta y la mala nota que has tenido esta semana y mucho más cuando tú mismo dices que era pésima porque no habías estudiado casi nada. No sé lo que habrás tenido que hacer para no estudiar porque para eso te mandé al Colegio, no para que jugaras y te divirtieras. Si yo hubiera sabido lo que ibas a hacer, otra cosa hubiera hecho yo.</p>
<p>Las vacaciones de Pascua están cerca y, como yo no quiero en mi casa niños desaplicados, te quedarás tu solo en el Colegio por torpe, malo y desaplicado y ya veremos si con ese castigo te enmiendas y, si no, ya verá yo lo que hago contigo, so tunantón.</p>
<p>Con los paseos al Instituto y las horas de recreo me parece que es bastante tiempo para descansar y lo demás del día bien puedes preparar las lecciones y que te pongan buenas notas y no eso que has<br />
mandado.</p>
<p>Me parece que este año el Cuadro de Honor se ha evaporado, pero ten cuidado que eso no ocurra porque lo pasarás muy mal. </p>
<p>Enséñale esta carta al Sr. Director (las leía todas) y dile de mi parte que te castigue fuerte y con frecuencia para ver si consigue tu enmienda. Que seas muy aplicado para que te mande muchos besos y abrazos de tu padre que, aunque eres malo, te quiere mucho. Pepe"</p>
<p>Siguiendo la orden de mi padre, fui llorando y con la carta en la mano al Director. Don Pablo, el Director, era un viejecito muy simpático que, Aunque ya sabía el motivo de mi llanto, se enterneció al verme, me consoló y me dijo que apretara en los estudios aquella semana para que mi padre me levantara el castigo. </p>
<p>Recuerdo que en los recreos de aquella semana se hacía el encontradizo conmigo, me daba unas palmadas en los hombros y me decía:</p>
<p>¡adelante, Jurado!</p>
<p>No debieron contentar a mi padre los dos Notables que obtuve aquella semana pues me decía en carta del 29: "Estudia mucho para que siempre salgas sobresaliente, pues esa es la alegría más grande que puedes darnos. Si no sacas buenas notas te quedarás solo en el Colegio"</p>
<p>Al dorso escribía mi hermano Antonio unas letras, sin duda redactadas por mi padre: "Mi querido hermano: Esta semana estamos más contentos porque nos mandaste dos Notables y, aunque esa nota no es la que nos gusta a nosotros, por esta semana nos conformaremos hasta ver si en la próxima nos mandas dos Sobresalientes, para que estemos contentos del todo y además para que papá te deje venir este Nochebuena, porque si no sacas Cuadro de Honor, no quiere que vengas a pasar las vacaciones con nosotros y no tendremos el gusto de verte y abrazarte que son siempre los deseos de tu hermano. Antonio"</p>
<p>Por aquellos días tenía las manos nuevamente llenas de sabañones y bien por las notas que mandé o bien por la impresión que habían causado a mis padres mis manos ensangrentadas el invierno anterior, es lo cierto que me levantó el castigo -que estoy seguro me hubiera levantado de todos modos- y en carta del 17 de diciembre les escribía: "Llegaré a esa, si Dios quiere, el jueves por la tarde. Bajar con el coche a la estación para esperarme".</p>
<p>No todo era estudio y seriedad en el Colegio. Recuerdo las luchas que echábamos en los dormitorios, con las almohadas, los domingos. Nos levantábamos ese día una hora más tarde y, acostumbrados a madrugar y aprovechando la ausencia de Don Adolfo, peleábamos los de un dormitorio con los de otro. Cuando oíamos que se acercaba el Procurador, corríamos a las camas a fingir que dormíamos. Pero, aparte de que el suelo con restos de lana nos delataba, la falta de alumnos a quienes no había dado tiempo de llegar a sus camas, nos ponía al descubierto.</p>
<p>Una vez no me dio tiempo a llegar a mi cama y me escondía con tres o cuatro compañeros más en una ducha. El castigo -quedarnos sin cine- fue irremediable."</p>
<p>recibido 3 marzo07</p>
<p>"En otra ocasión, los hermanos Calzadilla que compartían un reducido dormitorio con otros tres alumnos, habían logrado encerrar un gato en su habitación.</p>
<p>Por la noche, mientras estábamos arrodillados a la hora de acostarnos en mi dormitorio, rezando las consabidas tres Avemarías, los hermanos Calzadilla soltaron al gato, al que habían propinado algún puntapié, y el pobre animal pasó, saltando y maullando como una exhalación por entre nosotros que, en lugar de permanecer quietos, procurábamos golpear al felino con lo que teníamos a nuestro alcance. Llegó el animal al final del dormitorio de los mayores y, como allí recibiera igual trato, volvió con nuevos saltos y grandes maullidos y nuevos golpes que, sin hacer caso a D. Adolfo, le seguíamos aplicando, con el consiguiente jolgorio.</p>
<p>El Procurador consiguió, al cabo de un buen rato, restablecer el silencio y escogió a cinco o seis alborotadores, entre los que desgraciadamente me encontraba yo.</p>
<p>Hizo acostar a los demás, nos colocó en fila a los<br />
castigados, apagó la luz, se embutió en su manta y se sentó en su sillón<br />
junto a nosotros.</p>
<p>Yo no podía contener la risa recordando lo del gato. Hacía cuanto podía por aguantarme pero no había modo de lograrlo. Ni mordiéndome los labios, ni poniéndome el pañuelo en la boca, podía aguantar la risa. Llevábamos así más de media hora. A través de una rendija del balcón entraba un rayo de luz que me permitía ver la silueta de Don Adolfo<br />
que, de vez en cuando, murmuraba algo como advirtiendo que se daba cuenta de mi risa.</p>
<p>De pronto no pude reprimir una carcajada y vi que, en la penumbra, la figura de Don Adolfo se erguía, estiraba el brazo y me lanzó un bofetón a la cara. Con la agilidad de mis pocos años y prevenido como estaba, bajé con toda rapidez la cabeza y el impacto dio en pleno rostro del alumno que me precedía en la fila que lanzó un grito de dolor.</p>
<p>El resultado fue que D. Adolfo mandó a los demás a la cama y a mí me tuvo en pié otra media hora más. Viendo como las gastaba Don Adolfo se me quitaron las ganas de reír. Ni que decir tiene que aquel domingo entre las filas de los castigados sin cine estaba yo.</p>
<p>Los domingos variaba la regla: Nos levantábamos a las siete y media y, como es lógico, no había estudio. Íbamos a Misa a una Parroquia próxima. Después de desayunar nos llevaban al salón de actos que era el mismo salón de cine. En la tarima se colocaba en el centro el Director y a sus lados los profesores que leían las notas de sus respectivos cursos. De vez en cuando, el Director alentaba, reprendía o aconsejaba a algún alumno. Una vez que salí el primero con dos Sobresalientes, seguramente a raíz de la célebre carta de mi padre, recuerdo que me dijo: </p>
<p>¡Bien, Jurado, bien! A mí se me disparaba el corazón cuando le tocaba el<br />
turno a Don Martín, ante la incertidumbre de mis notas.</p>
<p>Los domingos descansábamos del invariable cocido y comíamos paella. Por la tarde íbamos a jugar al fútbol o a ver al equipo local y si la tarde estaba lluviosa o bien nos quedábamos en el Colegio o salíamos a pasear con D. Adolfo por la carretera de Rute.</p>
<p>Al anochecer teníamos sesión de cine. Cine mundo, por supuesto. Al final de la película nos ponían un corto de Charlot o Tomasín.<br />
La verdad es que el cine no era totalmente mudo, pues el silencio lo rompía<br />
el crujir en las bocas las patatas fritas que comprábamos a un viejecito con<br />
chaquetilla blanca que se ponía en la puerta trasera del Colegio</p>
<p>También rompía el silencio un pequeño aparato de radio que los maristas colocaban en una mesita bajo la pantalla. Coincidía la sesión de cine con la hora de las noticias y, comoquiera que al final del boletín ponían el himno de Riego, que era el de la maldita República, los alumnos de los primeros bancos se lanzaban a la radio para apagarla. No me explico como, no caía el aparato al suelo.</p>
<p>De vez en cuando la pantalla se oscurecía unos segundos. Era que la previsora mano de Don Martín, que era quien proyectaba, se interponía en el haz de luz para evitarnos la visión de alguna escena inconveniente, tal vez algún inocente beso. (¡Si el pobre Don Martín viera hoy la televisión!).</p>
<p>Antes de ir al salón de cine, y al toque de las palmadas de D. Adolfo, formábamos por cursos en el patio. El Procurador sacaba un papelito y nos echábamos a temblar. Leía unos nombres que eran los castigados sin cine y con estudio que formaban otra fila y eran conducidos por algún profesor al salón de estudios.</p>
<p>Yo formé parte en esa fila dos o tres veces. El motivo de una de ellas fue el siguiente: Habíamos salido de paseo el domingo anterior y quienes no jugábamos al fútbol aquel día nos alejamos un poco hasta la vía, donde recuerdo que poníamos en los raíles una moneda de cinco céntimos (una perra chica) que aplastada por el tren se convertía en una moneda de diez céntimos (perra gorda) con la que engañando al pobre viejecito de las patatas comprábamos el correspondiente paquete.</p>
<p>Esa tarde alguno del grupo sacó unos cigarros y estuvimos fumando. Algún chivato nos delató a D. Martín quien nos hizo copiar en castigo ¡la lección del tabaco! Que era la más larga de la Geografía, lo que implicaba perder muchos recreos para hacer la copia. Y no considerando que era suficiente castigo, dio nuestros nombres a Don Adolfo para que figuraran en la fatídica lista.</p>
<p>Como antes digo, los domingos que hacía mal tiempo los "pequeños" nos<br />
dividíamos en dos grupos. Unos se quedaban jugando en el Colegio y otros,<br />
provistos de abrigo y paraguas, nos íbamos de paseo con don Adolfo,<br />
invariablemente, por la carretera de Rute.</p>
<p>Aún me parece estar viendo a D. Adolfo, que tenía sus buenos 65 años, nariz<br />
aguileña, fornido, algo cojo y que andaba bamboleándose como un pato, calado con su boina que se ponía con singular gracia y que no se la quitaba sino en la Capilla y en el comedor. Era un típico vasco.</p>
<p>Nos contaba por el camino mil historietas, que oíamos embelesados, y era, como casi todos los Maristas, hincha del Atlético de Bilbao.</p>
<p>Llegaron las vacaciones de Navidad de 1935 y D. Adolfo nos repartió en el tren por los distintos pueblos. No recuerdo nada particular de aquellas vacaciones que sin duda pasé con la alegría de estar con la familia.</p>
<p>Casi con toda seguridad que más de una tarde saldría con mi padre y mi hermano Antonio a pasear por la carretera de Zuheros. Es precioso el panorama que desde allí se contempla. A la izquierda el tajo del Algarrobo y a la derecha un mar de olivos, con Baena en primer término y, al fondo, la sierra de Córdoba. Los días claros se veían las Ermitas. Ese era el frecuente paseo de mi padre cuando no lo hacía por el Rosario, a los pies del Castillo de Luque y desde donde se divisa igualmente un espléndido<br />
paisaje.</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2007/03/01/recuerdos-jose-jurado-saldana Recuerdos de José Jurado Saldaña2007-03-01T23:11:01+00:002007-11-06T07:38:58+00:00
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<p>Mi padre se llamaba José Jurado Saldaña (usaba Pepe López como<br />
pseudónimo para Internet), nació en Villafeliche (Zaragoza) el día 10 de mayo de 1924. Con muy poca edad, -no sabría precisarte- marchó a Córdoba con sus padres. Allí nacieron sus cuatro hermanos -Antonio, Lucía, Eloy y Amparo- y su infancia la pasó en un pequeño pueblecito de dicha provincia que se llama Luque. Esa localidad siempre la llevaba en el corazón. A sus nietos, le contaba sus andazas como chaval, les hablaba de la "Cueva de la Encantada" y sobre todo de su castillo. El castillo de Luque que, en tono irónico como era habitual en él, quería que fuera su tumba. Mi madre se "mosqueaba" cuando hablaba de ello, por lo que al final todo eran risas.</p>
<p>Pintó innumerables cuadros de "su" castillo. Cuadros que creo tenemos la mayoría de su familia. La dichosa guerra civil, la pasó en otro pequeño pueblecito de Córdoba que se llama Dos Torres (está situado en el Valle de Los Pedroches), allí y con la edad de 13 años falleció su padre, el día 1 de febrero de 1938.</p>
<p>A continuación te transcribo el relato que él escribió y que<br />
se titula "Recuerdos de mi infancia":</p>
<p>Año 1934</p>
<p>"Tenía que empezar mis estudios de Bachillerato y mis padres decidieron que debía hacerlo en el Colegio de los Hermanos Maristas de Lucena que se llamaba originariamente Colegio de Nuestra Señora de Araceli, pero como consecuencia de las nefastas y persecutorias leyes de la República, concretamente de Azaña, a quien llamaban el Verrugas, se titulaba, por entonces, "Cultural Lucentina".</p>
<p>Los Hermanos Maristas habían dejado de vestir sotana y lo hacían de riguroso traje negro, puesto que la maldita República había prohibido la enseñanza religiosa.</p>
<p>Pues bien, llegado el día tres de octubre y creyendo mis padres que la separación de ellos iba a ser menos cruenta, acordaron enviarme al Colegio con mi tío Antonio y su mujer, la tía Carmela.</p>
<p>Llegados a Lucena, probablemente en el taxi de Rufo, recuerdo que estuvimos dando un paseo por el pueblo y, al atardecer, me llevaron al Colegio, donde ya había otros cuantos alumnos que habían, al parecer, llegado aquella misma tarde.</p>
<p>La despedida de mis tíos y primos fue como habían previsto -y querido evitar- mis padres. Cogí una llantera y un sofoco muy propios de mis diez años y de quien no se habían separado nunca de sus padres.</p>
<p>Don Adolfo (el Hermano Marista que tenía la misión de cuidar y vigilar a los pequeños y a quien llamábamos el Procurador) trataba en vano de consolarme. El recuerdo de mis padres y la idea de que hasta las Navidades no iba a volverlos a ver no se separaban de mi mente y me hacían caer las lágrimas a torrentes y los suspiros a borbotones.Nos llevó Don Adolfo a un aula para rezar el Rosario. Yo no contestaba sino con lágrimas y suspiros que, en lugar de enternecer al Procurador lo iban sulfurando a ojos vista y de modo creciente.</p>
<p>Me lanzaba unas miradas que me llenaban de pavor. El Santo Rosario ya no se parecía nada a un acto de devoción. Don Adolfo daba pequeños golpecitos con los nudillos en la mesa, al mismo tiempo que con sus miradas me fulminaba.</p>
<p>De pronto se me escapó un gemido que me salió de lo hondo de los pulmones y Don Adolfo ya no se pudo contener. Dio un puñetazo en la mesa, pronunció unas palabras atronadoras que no entendía y el Rosario acabó como era de esperar: sin letanías.</p>
<p>Estuvimos en el patio una hora aproximadamente y debía tranquilizarme algo porque recuerdo que hablé con alguno de quienes serían mis compañeros de curso. Por cierto que no me explicaba cómo tendrían el corazón tan duro y no habían derramado ni una sola lágrima acordándose de sus padres.</p>
<p>De improviso sonaron unas palmadas. Era Don Adolfo que mandó colocarnos en fila para entrar al comedor. No recuerdo qué cenaríamos, pero con toda seguridad que no faltó aquella noche la sopa de ajo que, invariablemente era el primer plato de la cena durante los dos años que estuve en el Colegio.</p>
<p>Presidían la cena, en una mesa colocada sobre una tarima, el Procurador y otro Profesor cuyo nombre no recuerdo. Tras la cena estuvimos una media hora en el patio. Nuevas palmadas del Procurador y, en fila, al dormitorio.</p>
<p>Yo estuve durante los dos cursos en un dormitorio de doce camas. En un rincón y separado por unas cortinas, un habitáculo donde estaba la cama de D. Adolfo."</p>
<p>"Ni que decir tiene que apenas dormí aquella noche. Como el recuerdo de mis padres y hermanos no me dejaba, las lágrimas y suspiros continuaban sin cesar. Para que Don Adolfo no me oyera me tapé la cabeza y entre suspiro y suspiro me pasé la mayor parte de la noche.<br />
Debí quedar completamente rendido y el sueño me venció. Por poco tiempo porque oí las palmadas de Don Adolfo que venía por el pasillo rezando en voz alta el Avemaría. Serían las siete de la mañana. Fuimos a los lavabos. (Aún recuerdo los lavabos cada vez que huelo el jabón Heno de Pravia).</p>
<p>No hubo estudio aquel día, como es lógico y oímos Misa en la Capilla del Colegio. Tras el desayuno y un pequeño recreo, los alumnos de primer curso, aproximadamente quince, nos fuimos a nuestra clase. Don Martín, de muy pequeña estatura, era nuestro Profesor. Le llamaban de mote "Pipote".<br />
Sereno ya un poco mi ánimo, y siguiendo las instrucciones que me había dado mi padre, atendía con todo esmero las explicaciones de Don Martín. Recuerdo que la primera lección fue de Ciencias Naturales. Trataba de Botánica y aprendí perfectamente la clasificación de las hojas de las plantas. En las demás asignaturas también procuraba atender con todo cuidado. Aquello me gustaba. </p>
<p>Cuando, en aquellos días, Don Martín me preguntaba la lección, debía responderle bien porque Paulino mi amigo y vecino de Luque y compañero de clase, me decía: ¡te ha puesto un cinco! Yo no sabía qué significaba ese cinco, pero esos cinco repetidos, al final de la semana habían de significar un Sobresaliente que hacía las delicias de mis padres cuando les mandaba las notas. </p>
<p>La primera carta que escribí a mis padres debió de serles<br />
muy agradable porque en la contestación -que conservo- del doce de Octubre, me decían: "Nos alegramos de lo bien que dices estás, de lo bien que comes, de lo bien que duermes y de lo mucho que te dispones a estudiar. Total, que en ese Colegio todo es bueno. Dios quiera que así sea y que la última carta, que desde él nos escribas, venga escrita en el mismo sentido que la primera".<br />
No sabían mis padres que la procesión seguía por dentro, aunque más mitigadas. De todos modos se acabaron las lágrimas.</p>
<p>No podíamos saber ni comprender "los pequeños" que, por aquellos días se desarrollaba en Asturias la tristemente célebre "revolución de Octubre" en la que comunistas y socialistas asesinaban con todo ensañamiento a decenas de Sacerdotes y religiosos, en un ensaño para la orgía de sangre que dos años después pusieron en práctica en media España.</p>
<p>En plena plaza de un pueblo asturiano "se vendía carne de cura".</p>
<p>De aquellos meses de finales de 1934 conservo el recuerdo de que en el Colegio sacaba muy buenas notas. Era muy corriente que obtuviera el primer puesto de la clase con dos Sobresalientes. Mi padre, a juzgar por sus cartas, se llenaba de gozo cuando veía esas notas, pero se entristecía la semana que las notas flojeaban.</p>
<p>Como la enseñanza por los Religiosos carecía de validez oficial, teníamos que ir diariamente al Instituto "Luís Barahona de Soto" que estaba en la misma Ciudad.</p>
<p>Todas las mañanas, después del desayuno, los Maristas nos<br />
llevaban al Instituto y por la parte, en el Colegio, preparábamos las clases del día siguiente. Ni que decir tiene que donde realmente se aprendía era en el Colegio, por lo que la mayoría de los alumnos del Instituto lo eran también del Colegio de los Maristas."</p>
<p>"La vida en el Colegio era bastante monótona Nos levantábamos<br />
a las seis y media. Venía Don Adolfo por los pasillos de los dormitorios para despertarnos dando palmadas y rezando enalta voz las tres Avemarías.<br />
Rápidamente nos levantábamos y corríamos a los lavabos para coger los rimeros puestos.</p>
<p>Íbamos, a continuación, al salón de estudios donde, en invierno pasábamos bastante frío, ya que sólo había una estufa de carbón de piedra, en la que Don Adolfo colocaba una lata con hojas de eucalipto.</p>
<p>Tras una hora de estudio, teníamos la Santa Misa en la Capilla del<br />
Colegio. El desayuno consistía en una taza de chocolate y otra de café con eche. Mi madre decía, cuando yo se lo contaba, que eso era albarda sobre<br />
albarda.</p>
<p>Rápidamente formábamos fila de a dos y con algunos Profesores nos dirigíamos al Instituto, atravesando la Plaza Nueva y la del Coso, y allí permanecíamos hasta la una.</p>
<p>Vuelta al Colegio, comida con el invariable cocido los dos cursos que<br />
estuvo allí, un pequeño recreo y, a las tres, a clase. Teníamos el recreo a las cinco que duraba media hora y, durante él, D. Adolfo, tras la reja del almacén, nos iba repartiendo la merienda que consistía en una jícara de chocolate y una rosca de riquísimo pan. Cada tableta de chocolate traía una estampa de la guerra de Abisinia y eran de ver las estratagemas y peleas que hacíamos para coincidir con la apertura de cada tableta y llevarnos la<br />
estampa.</p>
<p>Terminado el recreo, volvíamos a la clase en la que permanecíamos hasta las siete. Otra hora de recreo, cena, corta estancia en el patio y subida a los dormitorios donde, arrodillados, rezábamos las tres Avemarías (devoción que toda mi vida he conservado) y a la cama.</p>
<p>Don Adolfo apagaba la luz, permanecía sentado en un sillón -a veces, cuando el frío apretaba se envolvía en una manta- y cuando comprendía que el sueño nos había vencido, se retiraba a su habitáculo a descansar.<br />
Así eran de monótonos los días en "La Cultural Lucentina"..</p>
<p>Yo me iba adaptando a la vida del Colegio y la congoja de los primeros días había desaparecido.<br />
Llegaron las vacaciones de Navidad y las pasé con mis padres y hermanos en Luque. El Procurador nos llevaba en el tren que hacía el trayecto de Punte Genil y Linares y nos iba repartiendo a los alumnos que vivíamos en aquel trayecto.<br />
A medida que se aproximaba el final de las vacaciones, volvía la congoja a mi corazón y lloraba a hurtadillas.<br />
Al regreso al Colegio mis padres me llevaban a la estación. Don Adolfo se asomaba a la ventanilla y yo, con las inevitables lágrimas me despedía de mis padres y me subía al tres. Recuerdo que al arrancar el tren vi a mi madre que me despedía con la mano y, como si me quitaran lo más sagrado de mi vida, lancé un grito desgarrador: ¡Mamá!. Vi que mi madre lloraba.<br />
La vida en estos primeros meses de 1935 seguía en el Colegio tan monótona como siempre. Yo seguía sacando buenas notas, con la consiguiente alegría de mis padres que esperaban impacientes las tardes de los lunes con la ilusión de que el correo les trajera las buenas notas de estudios y de conducta de su hijo Pepito.<br />
No sé qué me pasaría en la cuarta semana de 1935 que saqué los pies del plato. Posiblemente por haber sacado un simple aprobado en francés y en Ciencias, lo cierto es que el domingo estaba escribiendo a mis padres para enviarles las notas.<br />
No me resignaba a salir en el puesto catorce, acostumbrado a ser casi siempre el primero o el segundo, con Sobresalientes, tanto en estudios como en comportamiento. Así es que, lleno de ira, por creer que se había cometido conmigo una injusticia, rompí o arrugué la nota.</p>
<p>Nunca lo hiciera. Dos Martín que nos vigilaba, observó mi acción, me<br />
recogió la nota, la hizo de nuevo y estampó en ella la siguiente apostilla:<br />
"Le he rebajado la nota de comportamiento (me puso Bueno, que era nota<br />
inferior a Sobresaliente y Notable) por habérsela tenido que repetir, por<br />
haberse permitido romper la primera nota que le había dado. Le saluda su<br />
Afmo. M. Robredo"<br />
Aquello debió ser un mazazo para mi padre. Tan grande que el 4 de Abril de<br />
1935 me escribía la siguiente carta -que conservo- y que me llenó de<br />
pesadumbre, abatimiento ¡y lágrimas¡.<br />
Decía así: "Querido Pepito: No sé por dónde empezar a reprenderte, si por<br />
las malas notas que tuviste la semana pasada o por la osadía y desvergüenza<br />
que demostraste al romperlas; para mí esto último es peor que lo primero.<br />
Seguramente no comprendas el daño que nos causas y el que tú mismo te<br />
haces con esa conducta que observas. Cuando eras bueno y estudiabas te daban<br />
Sobresalientes y ahora eres malo y no estudias lo bastante, ¿cómo te los van<br />
a dar?<br />
En fin, tu conducta quiere decir que no quieres venir de vacaciones y,<br />
para darte gusto, te quedarás en Lucena esta Semana Santa y mientras el Sr.<br />
Director no me diga que has cambiado de conducta y que estudias más, te<br />
quedarás en el Colegio para aprovechar el tiempo que ahora pierdes. En vez<br />
de hacerte querer para que aprendas más y te den alguna matrícula haces lo<br />
contrario y eso no es lo que me prometiste el día que te fuiste.<br />
¿Quieres parecerte a Ferreira? (era el último de la clase) Ya habrá otros<br />
niños estudiosos a quienes puedes imitar.<br />
Que seas mejor que eres es lo que desea tu padre que te quiere".</p>
<p>Razón tenía mi padre que soñaba con las matrículas de honor y que yo no le<br />
pude ofrecer. ¡Cuánto hubiera disfrutado, de haber vivido, viendo que su<br />
hijo Pepito sacaba Matrícula de Honor en todas las asignaturas los años<br />
1940, 1941 y 1942.<br />
Y también tenía razón al proponerme como ejemplo "otros niños estudiosos",<br />
porque en mi misma clase estaban Rafael Beato y Valeriano Moreno que conmigo<br />
disputaban los primeros puestos.<br />
En la misma carta mi pobre madre escribía: "Querido hijo: Ya ves el<br />
disgusto que nos ha proporcionado tu carta con el atrevimiento que tuviste<br />
de romper la nota. ¡Y para eso corremos para ir en busca de tu carta y nos<br />
mandas disgustos! Procura esta semana ser bueno. Besos de tus hermanos y<br />
recibe un abrazo de tu madre. Araceli"<br />
Aquella carta me hundió totalmente. Ya me veía soso en el Colegio y sin<br />
poder ver a mis padres y hermanos durante tres meses.<br />
Sin embargo, me debí sobreponer porque el día nueve de Abril mi padre me<br />
escribía: "Nuestro querido hijo: Con gran alegría y contento recibimos tu<br />
carta de ayer y en vista de las buenas notas que mandas, puedes venirte a<br />
pasar con nosotros las vacaciones, si es que sigues siendo buena y el Sr.<br />
Director te da permiso. Te esperaremos el viernes en la estación".<br />
Es de suponer el gozo que aquella carta me produjo y como consecuencia<br />
debía pasar unos estupendos días de vacaciones de Semana Santa.<br />
En Enero o Febrero de 1935 mi padre fue a verme al Colegio. Por entonces<br />
tenía yo las manos llenas de sabañones y le debí causar una penosa impresión<br />
porque algunos sabañones me sangraban. Se debió quedar tan impresionado al<br />
verme que se quedó un par de días conmigo y nos quedamos a dormir en el<br />
Hotel.<br />
Pidió al Director que, como remedio casero que por entonces se usaba, me<br />
pusieran un recipiente con agua muy caliente, para facilitar la circulación<br />
de la sangre de mis manos y durante muchos días iba a la cocina por las<br />
mañanas y durante un buen rato sumergía las manos en agua caliente.<br />
También recuerdo que en aquellos dos días fui liberado de las clases y mi<br />
padre me llevó al cine. Era la primera vez que yo veía el cine sonoro.<br />
Al terminar el curso saqué en el Instituto la nota de Notable.</p>
<p>VERANO DE 1935.-</p>
<p>Poco recuerdo de aquel verano. Lo pasé con mis hermanos Antonio y Lucía en el cortijo de La Jara. Allí mi tía Eloisa y el guarda Roque (que el año siguiente sería su consumado asesino de "señoritos", por lo que al terminar la guerra fue fusilado) se hicieron cargo de nosotros. Allí estaban también dos de mis primos.</p>
<p>A mis cortos años lo debí pasar bien, correteando por aquellos encinares, yendo de paseo al Santuario de la Virgen de Luna y cortijos próximos, a la Venta por agua y a coger nidos.<br />
Pero mis pensamientos estaban en Luque y en mis padres. A mi hermano le pasaba igual y frecuentemente nos consolábamos recordando cosas de Luque y pensando en lo linda que estaría Amparito que entonces tendría poco más de un año."</p>
<p>"La vida en el Colegio era bastante monótona Nos levantábamos<br />
a las seis y media. Venía Don Adolfo por los pasillos de los dormitorios<br />
para despertarnos dando palmadas y rezando enalta voz las tres Avemarías.<br />
Rápidamente nos levantábamos y corríamos a los lavabos para coger los<br />
primeros puestos.<br />
Íbamos, a continuación, al salón de estudios donde, en invierno pasábamos<br />
bastante frío, ya que sólo había una estufa de carbón de piedra, en la que<br />
Don Adolfo colocaba una lata con hojas de eucalipto.<br />
Tras una hora de estudio, teníamos la Santa Misa en la Capilla del<br />
Colegio. El desayuno consistía en una taza de chocolate y otra de café con<br />
leche. Mi madre decía, cuando yo se lo contaba, que eso era albarda sobre<br />
albarda.<br />
Rápidamente formábamos fila de a dos y con algunos Profesores nos<br />
dirigíamos al Instituto, atravesando la Plaza Nueva y la del Coso, y allí<br />
permanecíamos hasta la una.<br />
Vuelta al Colegio, comida con el invariable cocido los dos cursos que<br />
estuvo allí, un pequeño recreo y, a las tres, a clase. Teníamos el recreo a<br />
las cinco que duraba media hora y, durante él, D. Adolfo, tras la reja del<br />
almacén, nos iba repartiendo la merienda que consistía en una jícara de<br />
chocolate y una rosca de riquísimo pan. Cada tableta de chocolate traía una<br />
estampa de la guerra de Abisinia y eran de ver las estratagemas y peleas que<br />
hacíamos para coincidir con la apertura de cada tableta y llevarnos la<br />
estampa.<br />
Terminado el recreo, volvíamos a la clase en la que permanecíamos hasta<br />
las siete. Otra hora de recreo, cena, corta estancia en el patio y subida a<br />
los dormitorios donde, arrodillados, rezábamos las tres Avemarías (devoción<br />
que toda mi vida he conservado) y a la cama.<br />
Don Adolfo apagaba la luz, permanecía sentado en un sillón -a veces,<br />
cuando el frío apretaba se envolvía en una manta- y cuando comprendía que el<br />
sueño nos había vencido, se retiraba a su habitáculo a descansar.<br />
Así eran de monótonos los días en "La Cultural Lucentina"..</p>
<p>Yo me iba adaptando a la vida del Colegio y la congoja de los primeros<br />
días había desaparecido.<br />
Llegaron las vacaciones de Navidad y las pasé con mis padres y hermanos en<br />
Luque. El Procurador nos llevaba en el tren que hacía el trayecto de Punte<br />
Genil y Linares y nos iba repartiendo a los alumnos que vivíamos en aquel<br />
trayecto.<br />
A medida que se aproximaba el final de las vacaciones, volvía la congoja<br />
a mi corazón y lloraba a hurtadillas.<br />
Al regreso al Colegio mis padres me llevaban a la estación. Don Adolfo se<br />
asomaba a la ventanilla y yo, con las inevitables lágrimas me despedía de<br />
mis padres y me subía al tres. Recuerdo que al arrancar el tren vi a mi<br />
madre que me despedía con la mano y, como si me quitaran lo más sagrado de<br />
mi vida, lancé un grito desgarrador: ¡Mamá!. Vi que mi madre lloraba.<br />
La vida en estos primeros meses de 1935 seguía en el Colegio tan monótona<br />
como siempre. Yo seguía sacando buenas notas, con la consiguiente alegría de<br />
mis padres que esperaban impacientes las tardes de los lunes con la ilusión<br />
de que el correo les trajera las buenas notas de estudios y de conducta de<br />
su hijo Pepito.<br />
No sé qué me pasaría en la cuarta semana de 1935 que saqué los pies del<br />
plato. Posiblemente por haber sacado un simple aprobado en francés y en<br />
Ciencias, lo cierto es que el domingo estaba escribiendo a mis padres para<br />
enviarles las notas.<br />
No me resignaba a salir en el puesto catorce, acostumbrado a ser casi<br />
siempre el primero o el segundo, con Sobresalientes, tanto en estudios como<br />
en comportamiento. Así es que, lleno de ira, por creer que se había cometido<br />
conmigo una injusticia, rompí o arrugué la nota.<br />
Nunca lo hiciera. Dos Martín que nos vigilaba, observó mi acción, me<br />
recogió la nota, la hizo de nuevo y estampó en ella la siguiente apostilla:<br />
"Le he rebajado la nota de comportamiento (me puso Bueno, que era nota<br />
inferior a Sobresaliente y Notable) por habérsela tenido que repetir, por<br />
haberse permitido romper la primera nota que le había dado. Le saluda su<br />
Afmo. M. Robredo"<br />
Aquello debió ser un mazazo para mi padre. Tan grande que el 4 de Abril de<br />
1935 me escribía la siguiente carta -que conservo- y que me llenó de<br />
pesadumbre, abatimiento ¡y lágrimas¡.<br />
Decía así: "Querido Pepito: No sé por dónde empezar a reprenderte, si por<br />
las malas notas que tuviste la semana pasada o por la osadía y desvergüenza<br />
que demostraste al romperlas; para mí esto último es peor que lo primero.<br />
Seguramente no comprendas el daño que nos causas y el que tú mismo te<br />
haces con esa conducta que observas. Cuando eras bueno y estudiabas te daban<br />
Sobresalientes y ahora eres malo y no estudias lo bastante, ¿cómo te los van<br />
a dar?<br />
En fin, tu conducta quiere decir que no quieres venir de vacaciones y,<br />
para darte gusto, te quedarás en Lucena esta Semana Santa y mientras el Sr.<br />
Director no me diga que has cambiado de conducta y que estudias más, te<br />
quedarás en el Colegio para aprovechar el tiempo que ahora pierdes. En vez<br />
de hacerte querer para que aprendas más y te den alguna matrícula haces lo<br />
contrario y eso no es lo que me prometiste el día que te fuiste.<br />
¿Quieres parecerte a Ferreira? (era el último de la clase) Ya habrá otros<br />
niños estudiosos a quienes puedes imitar.<br />
Que seas mejor que eres es lo que desea tu padre que te quiere".</p>
<p>Razón tenía mi padre que soñaba con las matrículas de honor y que yo no le<br />
pude ofrecer. ¡Cuánto hubiera disfrutado, de haber vivido, viendo que su<br />
hijo Pepito sacaba Matrícula de Honor en todas las asignaturas los años<br />
1940, 1941 y 1942.<br />
Y también tenía razón al proponerme como ejemplo "otros niños estudiosos",<br />
porque en mi misma clase estaban Rafael Beato y Valeriano Moreno que conmigo<br />
disputaban los primeros puestos.<br />
En la misma carta mi pobre madre escribía: "Querido hijo: Ya ves el<br />
disgusto que nos ha proporcionado tu carta con el atrevimiento que tuviste<br />
de romper la nota. ¡Y para eso corremos para ir en busca de tu carta y nos<br />
mandas disgustos! Procura esta semana ser bueno. Besos de tus hermanos y<br />
recibe un abrazo de tu madre. Araceli"<br />
Aquella carta me hundió totalmente. Ya me veía soso en el Colegio y sin<br />
poder ver a mis padres y hermanos durante tres meses.<br />
Sin embargo, me debí sobreponer porque el día nueve de Abril mi padre me<br />
escribía: "Nuestro querido hijo: Con gran alegría y contento recibimos tu<br />
carta de ayer y en vista de las buenas notas que mandas, puedes venirte a<br />
pasar con nosotros las vacaciones, si es que sigues siendo buena y el Sr.<br />
Director te da permiso. Te esperaremos el viernes en la estación".<br />
Es de suponer el gozo que aquella carta me produjo y como consecuencia<br />
debía pasar unos estupendos días de vacaciones de Semana Santa.<br />
En Enero o Febrero de 1935 mi padre fue a verme al Colegio. Por entonces<br />
tenía yo las manos llenas de sabañones y le debí causar una penosa impresión<br />
porque algunos sabañones me sangraban. Se debió quedar tan impresionado al<br />
verme que se quedó un par de días conmigo y nos quedamos a dormir en el<br />
Hotel.<br />
Pidió al Director que, como remedio casero que por entonces se usaba, me<br />
pusieran un recipiente con agua muy caliente, para facilitar la circulación<br />
de la sangre de mis manos y durante muchos días iba a la cocina por las<br />
mañanas y durante un buen rato sumergía las manos en agua caliente.<br />
También recuerdo que en aquellos dos días fui liberado de las clases y mi<br />
padre me llevó al cine. Era la primera vez que yo veía el cine sonoro.<br />
Al terminar el curso saqué en el Instituto la nota de Notable.</p>
<p>VERANO DE 1935.-<br />
Poco recuerdo de aquel verano. Lo pasé con mis hermanos Antonio y Lucía en<br />
el cortijo de La Jara. Allí mi tía Eloisa y el guarda Roque (que el año<br />
siguiente sería su consumado asesino de "señoritos", por lo que al terminar<br />
la guerra fue fusilado) se hicieron cargo de nosotros. Allí estaban también<br />
dos de mis primos.<br />
A mis cortos años lo debí pasar bien, correteando por aquellos encinares,<br />
yendo de paseo al Santuario de la Virgen de Luna y cortijos próximos, a la<br />
Venta por agua y a coger nidos.<br />
Pero mis pensamientos estaban en Luque y en mis padres. A mi hermano le<br />
pasaba igual y frecuentemente nos consolábamos recordando cosas de Luque y<br />
pensando en lo linda que estaría Amparito que entonces tendría poco más de<br />
un año."</p>
<p>"Un día que se encontraba el guarda ausente, estábamos<br />
jugando al balón en la puerta del cortijo. Vi, de pronto, venir un grupo de<br />
"gitanas". Di la voz de alarma y salimos despavoridos encerrándonos en la<br />
casa. Tal era el miedo que infundían.<br />
Al momento llegaron las "gitanas" y llamaron a la<br />
puerta. La tía Eloisa, sorda como una tapia, se puso a rezar aconsejándonos<br />
silencio.<br />
Las "gitanas" empezaron a gritar: ¡Eloisa, Eloisa! Le<br />
dijimos a mi tía que gritaban su nombre y se asomó a una ventana del piso<br />
alto.<br />
Se deshizo el error. No eran gitanas las que llamaban<br />
sino las pastoras y guardesas de un cortijo cercano que venían a visitar a<br />
mi tía. El susto que nos dieron era para no olvidarlo, sobre todo porque nos<br />
encontrábamos solos.<br />
Otro susto no menor nos llevamos otro día en que fuimos<br />
con el guarda al Santuario de la Virgen de Luna. El guarda se entretuvo con<br />
el santero más de la cuenta y emprendimos el regreso ya anochecido.<br />
Mi tía, que se había quedado sola con Lucía, viendo<br />
nuestra tardanza se alarmó y salió a buscarnos por los alrededores del<br />
cortijo.<br />
Yo la oía gritar: ¡Ay mi niña! ¡Ay mi niña! Y<br />
naturalmente me puse en lo peor. Creí que los gitanos se habían llevado a mi<br />
hermana. Al parecer no gritaba ¡ay mi niña! Sino ¡ay mis niños!<br />
Cuando nos acercamos a los gritos y al fin pude ver que mi<br />
hermana Lucía iba de la mano de mi tía, el corazón se me ensanchó.<br />
Mi tía Eloisa le echó una reprimenda al guarda y al día<br />
siguiente lo mandó al pueblo. Nos quedamos solos con el consiguiente pánico,<br />
porque en aquellos tiempos y en el campo era una temeridad. No recuerdo a<br />
quién nos mandaría mi tío para protegernos.<br />
Muy vagamente recuerdo nuestro regreso a Luque que debió<br />
ser a finales de septiembre. Me llenó de alegría ver a mis padres y sobre<br />
todo a Amparito que estaba lindísima.</p>
<p>OCTUBRE, NOVIEMBRE YDICIEMBRE DE 1935<br />
La vuelta al Colegio este nuevo curso no me produjo el<br />
doloroso impacto del anterior, aunque supongo que, al despedirme de mis<br />
padres, en la estación debí derramar alguna lágrima.<br />
Al contrario, este año era yo quien tenía que consolar a<br />
Vicente, mi amigo y vecino de Luque que estaba tan triste como yo el año<br />
anterior. Tenía su cama junto a la mía y de noche, tapada la cabeza, le oía<br />
llorar. Hacía lo mismo que yo había hecho un año antes.<br />
Seguía sacando buenas notas y en continua disputa por el<br />
primer puesto con Rafael Beato y Valeriano Moreno.<br />
Mi madre me decía en una de sus cartas que "hiciera los<br />
Siete Domingos a San José, como ya sabes es costumbre de siempre a ver si el<br />
Santo bendito te ayuda en tus estudios y puedes sacar siempre<br />
sobresaliente".<br />
Poco debió ayudarme el Santo Bendito porque en noviembre<br />
volvía a meter de nuevo la pata.<br />
El día 17 de noviembre le escribía a mis padres: "Esta<br />
semana he tenido una nota pésima porque no he estudiado casi nada". Mi padre<br />
no toleró tanta franqueza e ingenuidad y me echó otro jarro de agua fría con<br />
su carta del día 22.<br />
Me decía: "Mi querido hijo: No puedes figurarte la<br />
sorpresa que nos causó tu carta y la mala nota que has tenido esta semana y<br />
mucho más cuando tú mismo dices que era pésima porque no habías estudiado<br />
casi nada. No sé lo que habrás tenido que hacer para no estudiar porque para<br />
eso te mandé al Colegio, no para que jugaras y te divirtieras. Si yo hubiera<br />
sabido lo que ibas a hacer, otra cosa hubiera hecho yo.<br />
Las vacaciones de Pascua están cerca y, como yo no quiero<br />
en mi casa niños desaplicados, te quedarás tu solo en el Colegio por torpe,<br />
malo y desaplicado y ya veremos si con ese castigo te enmiendas y, si no, ya<br />
verá yo lo que hago contigo, so tunantón.<br />
Con los paseos al Instituto y las horas de recreo me<br />
parece que es bastante tiempo para descansar y lo demás del día bien puedes<br />
preparar las lecciones y que te pongan buenas notas y no eso que has<br />
mandado.<br />
Me parece que este año el Cuadro de Honor se ha<br />
evaporado, pero ten cuidado que eso no ocurra porque lo pasarás muy mal.<br />
Enséñale esta carta al Sr. Director (las leía todas) y<br />
dile de mi parte que te castigue fuerte y con frecuencia para ver si<br />
consigue tu enmienda. Que seas muy aplicado para que te mande muchos besos y<br />
abrazos de tu padre que, aunque eres malo, te quiere mucho. Pepe"<br />
Siguiendo la orden de mi padre, fui llorando y con la<br />
carta en la mano al Director. Don Pablo, el Director, era un viejecito muy<br />
simpático que, Aunque ya sabía el motivo de mi llanto, se enterneció al<br />
verme, me consoló y me dijo que apretara en los estudios aquella semana para<br />
que mi padre me levantara el castigo.<br />
Recuerdo que en los recreos de aquella semana se hacía el<br />
encontradizo conmigo, me daba unas palmadas en los hombros y me decía:<br />
¡adelante, Jurado!<br />
No debieron contentar a mi padre los dos Notables que<br />
obtuve aquella semana pues me decía en carta del 29: "Estudia mucho para que<br />
siempre salgas sobresaliente, pues esa es la alegría más grande que puedes<br />
darnos. Si no sacas buenas notas te quedarás solo en el Colegio"<br />
Al dorso escribía mi hermano Antonio unas letras, sin<br />
duda redactadas por mi padre: "Mi querido hermano: Esta semana estamos más<br />
contentos porque nos mandaste dos Notables y, aunque esa nota no es la que<br />
nos gusta a nosotros, por esta semana nos conformaremos hasta ver si en la<br />
próxima nos mandas dos Sobresalientes, para que estemos contentos del todo y<br />
además para que papá te deje venir este Nochebuena, porque si no sacas<br />
Cuadro de Honor, no quiere que vengas a pasar las vacaciones con nosotros y<br />
no tendremos el gusto de verte y abrazarte que son siempre los deseos de tu<br />
hermano. Antonio"<br />
Por aquellos días tenía las manos nuevamente llenas de<br />
sabañones y bien por las notas que mandé o bien por la impresión que habían<br />
causado a mis padres mis manos ensangrentadas el invierno anterior, es lo<br />
cierto que me levantó el castigo -que estoy seguro me hubiera levantado de<br />
todos modos- y en carta del 17 de diciembre les escribía: "Llegaré a esa, si<br />
Dios quiere, el jueves por la tarde. Bajar con el coche a la estación para<br />
esperarme".<br />
No todo era estudio y seriedad en el Colegio. Recuerdo<br />
las luchas que echábamos en los dormitorios, con las almohadas, los<br />
domingos. Nos levantábamos ese día una hora más tarde y, acostumbrados a<br />
madrugar y aprovechando la ausencia de Don Adolfo, peleábamos los de un<br />
dormitorio con los de otro. Cuando oíamos que se acercaba el Procurador,<br />
corríamos a las camas a fingir que dormíamos. Pero, aparte de que el suelo<br />
con restos de lana nos delataba, la falta de alumnos a quienes no había dado<br />
tiempo de llegar a sus camas, nos ponía al descubierto.<br />
Una vez no me dio tiempo a llegar a mi cama y me escondía<br />
con tres o cuatro compañeros más en una ducha. El castigo -quedarnos sin<br />
cine- fue irremediable."</p>
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<p> NOTICIAS DEL AÑO 2056</p>
<p>1.-El Barsa se proclama por cincuenta años seguidos Campeón de la Lliga Catalana de Futbol.<br />
2.-La Comarca del Valle de los Pedroches solicita de la Unión Europea ser considerada Estado Libre Asociado de Europa.<br />
3.-La Generala Jefa del Ejército de Murcia contrae matrimonio con su novia de toda la vida, Coronela Bermúdez.<br />
4.-La Generalitat catalana establece exámenes aleatorios en el aeropuerto del Prat para impedir la entrada en Cataluña a quienes no entiendan la lengua de Pujolet.<br />
5.-En Euzkadi se prohibe el uso de los apellidos Franco y Mola.<br />
6.-El Estado Andaluz pone una Aduana en Despeñaperros para cobro de peaje a los viajeros, obsequiándoles con unas sevillanas.<br />
7.-Es liberado el empresario vasco Sr. Urrutigoimendía después de ocho meses de cautiverio. Se sospecha de un grupo de etarras.<br />
8.- Los descendientes del último Rey de España fijan suresidencia en Suiza, al negarse diversos Estados de la antigua España a acogerles.<br />
9.-El lendakari pide a su Gobierno que fije una pensión a los herederos del último Presidente del Reino de España, Sr. Rodríguez Zapatero, en atención a los servicios prestados a Euzkadi.<br />
10.-Continúa la kale borroka. Anoche ardió la estación de Rentería.<br />
11.-Hundimiento, por tercera vez, en el barrio del Carmelo en Barcelona.<br />
12.- Descendientes de antiguos legionarios visitarán, con permiso del Sultán, los que fueron acuartelamientos de Ceuta y Melilla, antes de que estas Ciudades pasaran al Reino de Marruecos.<br />
13 .- El Betis se niega a jugar un partido internacional en Barcelona.<br />
14.-El Estado andaluz inicia conversaciones con Inglaterra sobre la soberanía de Gibraltar.<br />
15.-La Confederación de Derechas gana las elecciones en León.<br />
16.- El próximo octubre se reunirá en Burgos la Alta Cumbre de los Estados Ibéricos Libres para tratar de su posible Confederación.<br />
17.-Cataluña celebra el 50º aniversario de su independencia.<br />
18.-Aragón sigue oponiéndose al Plan del Ebro, a pesar de la sequía que sufre.<br />
19.- El Gobierno de Castilla la Vieja acuerda la reposición del Crucifijo en todas las escuelas.<br />
20.- El bellotari extremeño prohibe a los Párrocos el tañido de las campanas.<br />
21.- Continúan las obras del Metro de Sevilla.<br />
22.- Los exiliados vascos en Sevilla se reúnen en comida de hermandad.</p>
<p> (Por desgracia, varias de estas noticias pueden ser proféticas)</p>
<p> 1 de Julio 2006</p>
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<p>TRISTES CANTARES</p>
<p>España ya no es España,<br />
que es una vieja Nación<br />
desmantelada con saña.</p>
<p>Se le metió en la cabeza<br />
que iba a destrozar a España<br />
y lo ha hecho con presteza.</p>
<p>No fue al Congreso hoy<br />
porque le tenía miedo<br />
a enfrentarse con Rajoy.</p>
<p>Qué iluso es Zapatero<br />
si cree que partiendo a España<br />
seguirá en el candelero.</p>
<p>Si Otegui canta victoria,<br />
es señal que hemos caído<br />
en el pozo de la Historia.</p>
<p>Adiós, España querida,<br />
malhaya sea el traidor<br />
que te entregó a un homicida.</p>
<p>Si los vascos y vascas supieran<br />
lo que Eta les tiene guardado,<br />
otras cosas de España dijeran.</p>
<p>Quien lleva a España al infierno<br />
no es Zapatero solo,<br />
sino todo su Gobierno.</p>
<p>Qué triste es ver padecer<br />
a nuestra pobre Nación<br />
a punto de perecer.</p>
<p>Quien se calla y debe hablar<br />
juega el destino de España,<br />
con el suyo, por callar.</p>
<p>Con razón dice la gente<br />
que en España un zapatero<br />
puede ser el Presidente.</p>
<p>No sé si podrá volver<br />
Una España Grande y Libre<br />
a punto de perecer</p>
<p>Antes de morir quisiera<br />
que Dios me dejara ver<br />
una nueva primavera.<br />
1 Julio 2006 </p>
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<p>EL ALZAMIENTO NACIONAL<br />
(Memoria histórica)</p>
<p> Hay fechas simbólicas en la Historia de cada Nación y, por lo que respecta a España, una de ellas es el 18 de Julio.<br />
Los socialistas españoles, en su afán de remover la memoria histórica, han tratado infructuosamente que el Parlamento europeo, por medio de su Presidente, José Borrell, -aquel fracasado aspirante a gobernar España- condene el franquismo.<br />
Hace ya setenta años de aquella fecha de 1936 y, cuando parecía que habíamos conseguido una reconciliación, los perdedores de la guerra están empeñados desde hace dos años en recordar aquel enfrentamiento, lo que hacen de modo incomprensible pues son quienes debieran estar más interesados en no dar ocasión a que se recordara su culpabilidad.<br />
Desde que el Frente popular, creado por Azaña y Prieto, ganó, no muy limpiamente, las elecciones de Febrero de 1936, España fue una orgía de huelgas, incendios y crímenes, estando las vidas y las haciendas a merced de lo que se ordenaba en las logias masónicas, en los partidos izquierdistas o en la mente de cualquier malvado.<br />
En aquella primavera trágica se vivía en España en un estado de verdadera subversión. Y bien lo declaró Gil Robles en su discurso ante el Parlamento el 17 de Junio –un mes antes del Alzamiento- cuando dijo que desde el 16 de Febrero había habido 269 asesinatos, ardido totalmente 160 templos y 251 seriamente dañados, 113 huelgas generales, 158 atracos,812 viviendas asaltadas,10 periódicos totalmente destruidos y 38 asaltados, censura continua, incendio de cosechas y aparte otras tropelías que culminaron con el asesinato de Calvo Sotelo.<br />
Personalmente recuerdo que, cuando yo tenía doce años y me encontraba en el internado del Colegio de los Hermanos Maristas de Lucena, tuvimos que salir apresuradamente a buscar el refugio de nuestras familias porque los extremistas amenazaron con incendiar el Colegio. Al pasar por Doña Mencía, camino de mi pueblo, aún ardía la Parroquia incendiada la noche anterior.<br />
Terribles fueron las consecuencias del Alzamiento, pero de no haber sido porque Franco, con la media España que no se resignaba a morir, se levantó contra aquella anarquía, el preámbulo de aquella primavera trágica era la señal inequívoca de lo que hubiera sido España de haber triunfado el marxismo: Un feudo de la Rusia comunista.<br />
Todo esto lo deben conocer los españoles y, puestos a remover la historia, hagámosla por completo. Sin manipulación.<br />
Zapatero, el promotor de esta vuelta al pasado, se está cubriendo de ignominia al traer a la memoria de los españoles tan tristes recuerdos.<br />
Sin olvidar cómo está desmantelando a España.<br />
Todo esto debe conocerlo también el Parlamento europeo.</p>
<p> 5 Julio 2006</p>
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<p>LA MADRINA<br />
(Memoria histórica)</p>
<p> Así era conocida entre toda su extensa familia. Todos la llamaban la Madrina aunque no les hubiera “sacado de pila”.<br />
Era una viejecita menuda, encorvada por el peso de sus ochenta largos años, viuda, sin hijos que vivía con su hermana Eloisa, también viuda. Tenían un pequeño patrimonio de fincas rústicas de cuyas rentas se sustentaban.<br />
Iba a misa casi a diario, si sus achaques se lo permitían. La Madrina permanecía continuamente sentada en su sillita baja rezando interminables sartas de Rosarios y ayudando a cualquier cosa que le fuera posible en las tareas de la casa.<br />
De vez en cuando iba a “la Sala”, una espaciosa habitación de altísimo techo, con ricos y antiguos muebles, en cuyo testero principal una enorme vitrina cobijaba una imagen del Corazón de Jesús, del tamaño de una persona normal y allí se quedaba largos ratos desgranando jaculatorias.<br />
Por toda la casa ricos y antiguos muebles heredados de varias generaciones y un “chinero” donde se exhibían los objetos de porcelana más variados, ricos y vistosos.<br />
Una tarde de finales de Agosto de 1936 la turba roja –que había sido rechazada a tiro limpio veinte días antes, en su intento de ocupar el pueblo- reforzada por mineros de Peñarroya y tropas de Carabineros, lograron entrar en el pueblo.<br />
En pocas horas, cerca de dos docenas de “señoritos” (alguno simple jornalero) caían asesinados a las mismas puertas de sus casas y en presencia de sus familiares. Uno de ellos primo hermano de la Madrina y muy próximo a su casa.<br />
La chusma empezó el saqueo de las casas de la gente de derechas o católica. La casa de la Madrina no fue una excepción. Por si su condición de católica no fuera sobradamente conocida por la gente del pueblo, lo delataba una imagen de la Inmaculada en un pequeño nicho de la fachada..<br />
Un grupo de desalmados, acompañado de algunas “milicianas” destrozó la imagen a tiros y a continuación penetraron en la casa para saquearla.<br />
La Madrina, aterrada, vio cómo destrozaban y robaban cuanto podían. El “Chinero” quedó hecho añicos y arrojaron al pozo medallas, rosarios, devocionarios y cuantos objetos piadosos encontraron. La pobre viejecita se refugió en “la Sala” creyendo encontrar refugio, al amparo de la imagen del Sagrado Corazón y tras ella penetraron los malvados asaltantes que, disparando sus escopetas, se ensañaron destrozando la imagen.<br />
Aquello no lo pudo resistir la Madrina. En ese preciso momento cayó fulminada por un ataque de apoplejía y así la dejaron aquellos criminales. Perdió la movilidad y el habla y así permaneció hasta su muerte.<br />
La recuerdo sentada en su sillita baja, rezando continuamente el Rosario y con accesos intermitentes de risa y llanto. Fue la única persona cuya agonía y muerte he presenciado. Tenía el Rosario entre las manos.<br />
Era hermana de mi padre. Era mi tía Ascensión.</p>
<p> 6 de Julio de 2006<br />
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<p>EL “CORRUTO”</p>
<p>Ha hablado Pepiño en un “ato”<br />
con lenguaje mordaz e “incorreto”<br />
y ha sido tan escaso “circunspeto”<br />
que hasta a mí me ha dejado “estupefato”</p>
<p>Por decirlo de un modo bien “exato”,<br />
a Rajoy le ha lanzado un “indireto”;<br />
no le cabe a Pepiño en su “inteleto”<br />
que el PePé no se integre en el “pato”.</p>
<p>El personaje es un hombre “adito”<br />
a soltarle a Rajoy el “exabruto”<br />
del modo más brutal y más “estrito”.</p>
<p>Porque suelta “eruto” tras “eruto”<br />
su lengua viperina, estoy “convito”<br />
de que merece el nombre de “corruto”</p>
<p> 7Julio 2006</p>
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Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2006/06/20/aespana-despierta-¡ESPAÑA, DESPIERTA!2006-06-20T11:24:21+00:002007-11-06T07:06:02+00:00
<p>¡ESPAÑA, DESPIERTA!</p>
<p> España está tranquila,<br />
España no se inquieta.<br />
permanece dormida<br />
y de nada se entera.<br />
No escucha el ruido<br />
de cuanto la rodea<br />
a pesar del peligro<br />
que lo tiene tan cerca<br />
y está en juego su propia<br />
milenaria existencia.<br />
Unos malos patriotas<br />
se han dado a la faena<br />
de destruir a España<br />
y de ello alardean.<br />
No es posible que el pueblo<br />
callado permanezca<br />
insensible al peligro<br />
y que, embobado, crea<br />
que cuanto se legisla<br />
a él no le afecta.<br />
Si España se divide<br />
en naciones diversas<br />
y aquí nadie se inmuta,<br />
ni grita, ni protesta,<br />
¿es posible dudar<br />
de que España está muerta<br />
y que unos traidores<br />
la han puesto en almoneda?<br />
Cuándo vendrá ese hombre<br />
que, decidido, emprenda<br />
la labor de agitar<br />
su dormida existencia<br />
y, con voz fuerte diga,<br />
a mi España ¡despierta!</p>
<p> 26 de Abril 2006</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2006/06/20/obispos-catalanes LOS OBISPOS CATALANES2006-06-20T11:22:24+00:002007-11-06T07:06:02+00:00
<p> LOS OBISPOS CATALANES<br />
Los Obispos catalanes, ante el próximo referendum para la aprobación del Estatuto catalán, (puesto que su aprobación por el Parlamento español es inevitable, dada la ignorancia, la cobardía y el odio a España de muchos diputados,) se han creído en la obligación de dar a conocer a los votantes su punto de vista para orientar su decisión.<br />
Siguiendo una inveterada y malsana costumbre y desoyendo los consejos de Cristo de llamar al pan, pan y al vino, vino, (sí o no como Cristo nos enseña), los señores Obispos me imagino que habrán llenado de perplejidad a los presuntos votantes pues no sabrán a qué carta quedarse.<br />
Y esto no es nada bueno porque los fieles tienen derecho a que sus Pastores les hablen sin rodeos para que puedan, una vez ilustrada su conciencia, votar de modo consciente.<br />
Dicen los Obispos catalanes que les preocupa la forma en que el estatuto regula los derechos de las personas y que “afecta a la dimensión ética de la vida” cuanto se dice sobre el matrimonio y la familia, la dignidad y la libertad de las personas, el aborto y la eutanasia.<br />
Y, efectivamente, es para preocupar seriamente a un cristiano que el art 41.5 del Estatuto diga que “los poderes públicos velarán para que la mujer tenga libre disposición en lo que concierne al propio cuerpo y a su salud reproductiva y sexual” lo que indudablemente conduce al libertinaje y a la perversión; o que el art 20.2 hable de una muerte digna respetando la voluntad del enfermo cuando haya perdido la consciencia, lo que equivale a la eutanasia al dejar en manos del médico la decisión última; o que el art 40.7 anuncie la regulación de otras formas de convivencia familiar, por lo que cabe pensar hasta en la poligamia.<br />
No digamos nada de la falta de libertad en que quedan los catalanes –autóctonos o “charnegos”- con esa obsesión por implantar, a toda costa, la lengua y la cultura catalanas.<br />
Bastaría, con cuanto llevo dicho, para que la conclusión de los señores Obispos fuera la de aconsejar a los fieles que votaran negativamente al Estatuto.<br />
Pero, de modo sorprendente, el Obispo de Urgell, portavoz de todos ellos, ha dicho que el Estatuto tiene cosas muy positivas como son: el autogobierno (para entendernos, independencia), el apoyo a la cultura y a la lengua catalanas (menospreciando cuanto España ha aportado a Cataluña), y la financiación (que parece ser algo prioritario para los Pastores catalanes).<br />
Y el Sr. Arzobispo de Tarragona ha concluido diciendo, casi con las mismas palabras con que Tarancón aconsejó votar afirmativamente una Constitución, que tantos males nos ha traído, que “no hay inconveniente para un cristiano en votar a favor”.<br />
Esta vez ha prevalecido en los Obispos su catalanismo sobre la “dimensión ética de la vida”,la libertad e igualdad de los españoles. Si los Obispos catalanes han sumido a sus fieles en la perplejidad y no han iluminado suficientemente sus conciencias, allá ellos con su responsabilidad y que Dios ilumine a los votantes.<br />
1 de Mayo de 2006</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2006/06/20/quedate-zapateroQUEDATE, ZAPATERO2006-06-20T11:16:33+00:002007-11-06T07:06:02+00:00
<p>QUEDATE, ZAPATERO</p>
<p>Ha dicho recientemente<br />
el portavoz del Gobierno<br />
que, si para que haya paz<br />
y todos queden contentos<br />
el Presidente ha de irse,<br />
Zapatero está dispuesto.<br />
Yo comprendo la alegría<br />
que ha invadido al pueblo<br />
al ver que puede llegar<br />
la paz con tan bajo precio.<br />
Y yo también le diría<br />
fuerte, claro, pronto y recio<br />
que se vaya cuanto antes<br />
y llegue la paz al Reino.<br />
Pero no puedo decirlo<br />
porque, aunque a Eta detesto,<br />
yo quiero que el Presidente<br />
continúe en su puesto.<br />
¿Que por qué?. Pues muy sencillo:<br />
Si se marcha Zapatero,<br />
mi inspiración se termina<br />
y se acabarán mis versos.<br />
¿De qué voy a hablar entonces?<br />
Llevo dos años completos<br />
comentando con mis ripios<br />
los terribles desaciertos<br />
como a diario comete<br />
y, si abandona su puesto,<br />
no es justo que, con mis años,<br />
me mande al desempleo.<br />
A Dios le pido que aguante<br />
la legislatura, al menos,<br />
a ver si en estos dos años<br />
Dios me recoge en su seno<br />
y no me permite ver<br />
que deja al país deshecho.<br />
Zapatero, no te vayas<br />
que me dejas sin empleo;<br />
espera a que venga otro<br />
que deshaga lo que has hecho<br />
y déjame que yo siga<br />
disfrutando con mis versos.</p>
<p> 1 Mayo 2006</p>
Blog de escritos de D. José Jurado Saldañahttp://s3.amazonaws.com/lcp/objetor/myfiles/PAISAJE.ACANTI865x65.jpghttp://objetor.lacoctelera.net/post/2006/06/20/aque-quiere-zapatero-¿QUE QUIERE ZAPATERO?2006-06-20T11:15:04+00:002007-11-06T07:06:02+00:00
<p>¿QUE QUIERE ZAPATERO?</p>
<p>¿Qué quiere Zapatero?<br />
¿Qué busca ardientemente<br />
con afán imprudente<br />
hacer de esta Nación?<br />
¿Hacia dónde camina<br />
pactando con la Eta<br />
sin que Eta se someta<br />
a la Constitución?</p>
<p>¿Por qué cree en la promesa<br />
de asesinos “conversos”<br />
que, a sus medios perversos,<br />
nunca ponen final?<br />
¿No advierte Zapatero,<br />
este hombre no se entera<br />
que al pueblo vasco espera<br />
un destino fatal?</p>
<p>¿Por qué a Cataluña<br />
permite este Estatuto?<br />
¿No comprende el muy bruto<br />
que a España va a partir?<br />
¿Qué fué de sus promesas<br />
de no romper a España?<br />
¿Por que ahora esa saña<br />
de querer dividir?</p>
<p>¿Por qué a Manolo Chaves<br />
le hizo cambiar de idea<br />
y Andalucía sea<br />
“realidad nacional”?<br />
¿No sabe Zapatero<br />
que aquí, en Andalucía<br />
se rechaza a porfía<br />
la España desigual?</p>
<p>¡Qué desdicha tenemos<br />
con haber conseguido<br />
este hombre fementido<br />
el poder alcanzar!<br />
¡Cuánto lamentaremos<br />
cómo dejará a España,<br />
con tanto como daña<br />
el día de cesar!</p>
<p> 26 Abril 2006</p>